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domingo, 31 de mayo de 2009

LA ESPERANZA ENCONTRADA


En Oriente Próximo, en la ciudad de Hamah (antigua Apamea), vivía un comerciante llamado Rasham que trabajaba a orillas del río Nahr-el Así (anteriormente llamado Orontes). Este hombre vendía pescado que él mismo obtenía del río. Pero, a pesar de que conseguía pocos alimentos cuando pescaba, los compradores no querían sus mercancías.

Un día tras otro llegaba a su pequeña casa apenado, con tristeza en sus ojos, porque sabía que no tenía las ganancias suficientes para la operación de su hija Alhai. Si no se realizaba esa operación, Alhai perdería la movilidad de sus piernas.

Un buen día, mientras Rasham trabajaba, llegó Gahrkem, su amigo de toda la vida. Gahrkem notó muy callado a Rasham, y Rasham lo sabía.
Antes de que Gahrkem le preguntara qué es lo que le sucedía, Rasham le contó toda lo que le sucedía; entre ello, ese remordimiento de culpabilidad que le roía el corazón al no conseguir el dinero necesario para poder curar a su hija.
En ese momento, Gahrkem le dio un muy importante y gran consejo que Rasham no pudo eliminar de su mente:

“Amigo mío, nunca debes olvidar
lo que ahora te voy a contar:
si más dinero quieres conseguir,
a las personas debes sonreír.
Porque, aunque parezca incierto,
una sonrisa hace que un corazón esté abierto.
Abierto a la humildad,
abierto a la humanidad,
abierto a la sinceridad,
abierto a la generosidad,
abierto a la verdad,
abierto a la realidad.
Abierto a satisfacer a su dueño,
Y así sentirse capaz de realizar un sueño”.

Tras unos minutos de inmediato silencio suspendido en el aire, Rasham reflexionó y se sintió agradecido por el consejo que le había dado su amigo.
Transcurrieron unos días durante los cuales Rasham puso en práctica el acuerdo al que llegó con Gahrkem; y su sueño se hizo realidad: su hija Alhai pudo ser operada de su enfermedad, porque Rasham ya había puesto fin a sus problemas económicos.

Después de una larga operación, todo fue como lo esperado: había salido bien, pero la niña debería acudir a rehabilitación para estimular la agilidad de sus miembros inferiores. Pero Alhai se sentía cada vez más incapaz de volver a caminar.

Desconsoladamente, decidió hablar con su padre. Pero su padre, por muchos ánimos que le daba, no conseguía que su hija se viera capaz de andar nuevamente.

Entonces, Rasham decidió escribirle una carta.
Aprovechó el momento en que Alhai estaba dormida y le colocó la carta sobre la almohada, al lado de su cabeza.
A la mañana siguiente, cuando Alhai despertó, abrió los ojos y examinó con extrañeza el sobre que contenía la carta. Llena de impaciencia, abrió la carta y comenzó a leer:

“Nunca pierdas la esperanza de cumplir aquellos sueños que una vez sentiste ser capaz de realizar; sigue adelante con tales sueños. Sólo así conseguirás recuperar la esperanza perdida.
Me contaron hace tiempo atrás que la vida está llena de esperanzas, de deseos y de sueños por cumplir. De esta manera, la vida es lo que es: vida.
No mires hacia atrás recordando aquellas oportunidades que perdiste. Vive el momento y mira hacia delante sabiendo que otras se cruzarán delante de ti.
Por muchas dificultades que surjan en tu vida, no te des por vencida. En otro momento dichas dificultades te facilitarán las cosas, porque las adversidades son puertas que se han de abrir para dar paso a las facilidades que te brinda la vida.
Sonríe al mundo y ten presente que los problemas hay que tomarlos con optimismo, porque una sonrisa es la llave que puede abrir todas esas adversidades.
Siéntete como un águila que, tras varios intentos por volar, no se da por vencida y nunca pierde la esperanza de poder viajar atravesando el extenso cielo azul.
Piensa que los momentos únicos son los más valiosos. Por eso merece la pena aprovecharlos al máximo.
Traza un camino a seguir y recórrelo hasta alcanzar la meta. Cuando llegues, te darás cuenta de que llegar a la meta es un sueño hecho realidad y de que el camino es el deseo y la esperanza de cumplir ese sueño.
Sigue estos consejos y no te des por vencida. De esta manera, pronto volverás a caminar.
De parte de tu padre, que te quiere mucho y hace todo lo posible para que seas feliz.

PD: Te escribo esta carta para que la leas cada vez que te veas incapaz de cumplir cualquier sueño.

Un abrazo y un beso muy fuerte.”

Después de leer la carta, la niña, con muchas dificultades ya que todavía no podía moverse con mucha facilidad, consiguió caminar pasito a pasito y llegó al salón, donde su padre la esperaba con los brazos abiertos y rebosante de alegría y emoción.
Alhai logró llegar a los brazos de su querido padre, y así es como se sumieron en un inmenso abrazo.
De esta manera, Alhai encontró la esperanza que había perdido y se dio cuenta de que los sueños pueden hacerse realidad.

Gema Sánchez-Guijaldo Rivera - 1º Bachillerato B
2º premio prosa modalidad A (Bachillerato)

LA MATANZA DE LAS FOCAS


Empieza el gran festival

cazadores con palos en mano

matan a focas por interés

como cruel y mal humano.


La matanza ya llegó

el pánico es patente

no saben dónde esconderse

ante el disparo en la frente.


La nieve no las protege

son blancas a la perfección

ellos se frotan las manos

y las matan sin compasión.


Pobre foca y pobre cría

cada año la misma función

aguantar su larga agonía

sin que nadie ponga solución.


Pobre animal desdichado

cuya piel la gente compra

que se abriguen con abrazos

y que ahorren en la compra.


Que la suerte las acompañe

y el destino las proteja

y que todo el mundo entero

apoye todas mis quejas.


Marina Peña de los Ríos - 3º A
2º premio poesía modalidad B (2º ciclo de ESO)



martes, 19 de mayo de 2009

TUS AMIGOS



A veces te acabas dando cuenta de que sólo vale la pena seguir adelante, por pequeños momentos y por determinadas personas. Pequeños momentos que a los demás les pueden parecer tonterías, pero que para ti son la energía que te impulsa a seguir día a día:
Esos días en los que te has tirado horas hablando por teléfono, en los que las risas han sido las protagonistas.
Todos esos días con tus amigos en que lo único que importaba era pasárselo bien.
Esos días en los que eres la protagonista por el tortazo que te has dado y que, seguramente, habrá quedado grabado en la memoria de todos.
Todos y cada uno de los días en que recibes un beso, un abrazo, una caricia...en definitiva, esos días en los que te sientes querida.
Esos viajes en tren, metro o autocar, en los que te dedicas a cantar hasta quedarte sin voz.
Esas caminatas de días enteros en los que aprendes más que en todo un año, y en los que acabas valorando todo lo que tienes.
Esas noches, las noches en las que no paras de llorar a moco tendido porque te tienes que separar de los que han sido tus compañeros durante días, meses o incluso años; pero que ahora los quieres como si fueran de tu propia sangre.
Esas miradas, sonrisas, frases o palabras que se te quedan grabadas en la memoria, y que más adelante se convertirán en tus recuerdos más valiosos.
Y, por último, esas personas que están a tu lado pase lo que pase, las que te hacen reír cuando nadie lo consigue, con las que haces lo que nunca harías y con las que eres tú misma; esas personas a las que consideras parte de ti: tus amigos.


Cristina Rodríguez Fuster, 3º A

Accésit prosa modalidad B (2º ciclo ESO)

JORGE, LUCÍA Y EL ROBOT


Jorge era un niño muy reservado. Tenía 11 años. En el colegio iba muy bien. Le gustaban los profesores y sus compañeros mucho más, pero lo que siempre se preguntaban era por qué se pasaba todo el tiempo dibujando. Ellos pensaban que servía porque le gustaba dibujar, pero no era así, porque los dibujos estaban muy mal hechos. Todos sus dibujos eran de un robot. Era de un color muy plateado, muy alto, con piernas y brazos metalizados y muy largos.
Un día el colegio de Jorge fue de excursión a una fábrica de robots. Jorge estaba entusiasmado, aunque no quería decirlo. Allí vieron muchos despachos y máquinas trabajando. Había piezas de todo tipo, grandes, pequeñas, bonitas, feas, decolores claros, fuertes...
Vio a dos trabajadores que discutían muy alto. La discusión parecía que iba a llegar a algo más, pero por suerte o por desgracia pasó por allí el jefe, y les dijo que se callaran, mas seguían discutiendo. Al mismo tiempo la clase se marchaba. Pasó un buen rato y ya no eran dos los que discutían sino tres. Jorge fue a ayudarles, y logró que callaran. Los tres volvieron al trabajo un poco cabreados. A Jorge lo que más le llamó la atención fue la chica. Era muy guapa, delgada y alta.
Cuando Jorge vio el reloj y se dio cuenta de que sus compañeros no estaban, empezó a preocuparse. Miró en los bolsillos y encontró su móvil. Con el móvil llamó a sus padres y vivieron a recogerle. Los profesores muy preocupados llamaron a sus padres y ellos se lo explicaron todos.
Pasaron unas cuantas semanas y a Jorge se le ocurrió volver a la fábrica. En ella vio a la chica; se reconocieron rápidamente. Ella le dijo muy educada y amable que lo sentía por el espectáculo que habían dado. Él le respondió que aceptaba sus disculpas. Empezaron a halar y a hablar hasta que cerraron la fábrica. Ella le dijo que le encantaba estar con él. Jorge le dijo que si podían quedar otro día para seguir hablando, ella le dijo que sí. Los dos estaban muy felices aunque no querían reconocerlo.
Al día siguiente cada uno llegó a u trabajo. Jorge fue al colegio y Lucía, que era como se llamaba la chica, se dirigió a su trabajo. Después de terminar el colegio, y Lucía su turno, ellos dos quedaron. Así pasaron días y días. En uno de esos días, Jorge le habló de su pasión por ese robot. El robot era exactamente igual, hacía de todo. Lucía pensó y pensó cómo regalárselo, hasta que una tarde Jorge entró en un despacho sin querer y vio el robot. Se puso muy contento y le dio un abrazo. Él ya no se podía despegar ni del robot ni de Lucía.Así pasaron los días, las semanas, los meses y Jorge nunca más dibujó aquel robot porque, para qué, si ahora podía verlo.
LAURA CORDÓN PEÑA 1º B
Accésit prosa modalidad C (1º ciclo ESO)

domingo, 17 de mayo de 2009

TÚ TE IMAGINAS


(Fotografía de Mayusky)
Tú te imaginas…

En la playa,
en un día soleado,
tú tumbada en la toalla
mientras yo observo tu bello cuerpo bronceado.
Te expreso lo que siento sentados en la arena
besando tus dulces labios y acariciando tu melena.

Te toco suavemente la cara
y lentamente nos sumergimos en el agua.
Soy un pequeño marinero
navegando por tu espalda.
Tu atractiva mirada
a la luz del sol resalta

Uff, nena, me vuelven loco tus caderas
y tu bonito andar
paseando por la arena.

Samuel Pérez Rodríguez, 2º B

Accésit poesía modalidad C (1º ciclo ESO)

SOPLA EL VIENTO FUERTE


Sopla el viento fuerte.
El cielo está oscuro y yo
sufro por no verte.

Mis horas están llenas
de angustia y ansiedad
porque cada día
aumenta mi soledad.

Yo te quiero y no te tengo.
Yo te adoro, mas no puedo
decirte cada día
todo esto que yo siento.

Sopla el viento fuerte.
El cielo está oscuro y yo
Sufro por no verte.

Hoy estoy confusa e intento
tocar el recuerdo de mi mente.
Pero no es la mente sino
el corazón el que siente.

Sopla el viento fuerte.

Paola Tatiana Londoño Garzón, 1º B

1º premio poesía modalidad C (1º ciclo ESO)

SOLEDAD

(Fotografía de L4UR4)


Soledad, palabra oculta.
Soledad, mis sentidos arrebatas,
Dama vestida de negro,
Noche en suspiro eterno,
Que mi alma en ti clavas.
Noche eterna en suspiro eterno.
¿Qué quieres hacer de mí, soledad, si sólo a ti te tengo?
Me ahogas con tu cadenas,
me amarras a tu cuerpo,
¿qué quieres hacer de mí, soledad, si sólo a ti te tengo?

José Antonio Sánchez Gómez, 3º A
1º premio poesía modalidad B (2º ciclo ESO)

SUEÑO


SUEÑO

Sueño…
Que puedo volar;
mas no vuelo.

Sueño…
Que ando sobre el mar;
mas no ando.

Sueño…
Que estás a mi lado;
mas no estás…


Pero te siento.


Alba Sánchez-Guijaldo Rivera, 2ª Bachillerato A

1º premio poesía modalidad A (Bachillerato)

domingo, 10 de mayo de 2009

EL REFLEJO DE LA FUENTE

Érase una vez una linda niña que vivía en un gran palacio, rodeada siempre de sus meninas, enanos y demás personas de la corte. Nunca podía estar sola.

Para no aburrirse le gustaba que le contasen historias de amor. Su preferida era siempre la misma y no se cansaba de escucharla , se titulaba “ El Reflejo de la Fuente”.
.
Trataba de una pareja de adolescentes, Mina y Roberto, que se conocieron de casualidad.

Estaba Mina paseando por los jardines de palacio, cuando de pronto sintió sed. Se acercó a una de las muchas fuentes que allí había y al inclinarse para beber vio reflejada en sus aguas el rostro de un joven.

Se dio media vuelta para ver de quién se trataba y se encontró con el chico más guapo que jamás había visto.

Preguntó quién era y su sorpresa fue cuando éste le contestó que era su primo, hijo del hermano de su padre.

Quedaron prendados el uno del otro, aunque tuvieron que mantenerlo en
secreto, pues en palacio estas relaciones estaban prohibidas.

Sus encuentros cada vez se hacían más emocionantes, pero esto no duró mucho. El bufón más cotilla de la corte los descubrió una tarde cuando se besaban junto al estanque.

El rumor llegó a oídos del rey, que mandó encerrar a la princesa e invitó a que se marchara su sobrino .

Jamás se supo nada de ellos.

Lidia Mellado Castillo 2º A
2º premio prosa modalidad C (1º ciclo ESO)

miércoles, 6 de mayo de 2009

DENTRO DEL DESVÁN


Dedicado a todo aquel que en su infancia descubrió la magia que encierra un trastero o un desván, y a mi abuela, por haberme dejado descubrirla junto a mis primos.


Esta es la historia de la mayor aventura jamás contada, la historia de aquel sucio y polvoriento lugar que abría las puertas a un mundo de fantasía, la historia de un intrépido niño que, una tarde como otra cualquiera, descubrió un nuevo mundo donde pudo encontrar la solución a todos sus problemas.

No eran buenos tiempos para la Familia López. El Señor López se había quedado sin trabajo por culpa de la crisis y, por más que lo intentaba, no encontraba un hueco en un pueblo tan pequeño como Setos, en el que apenas había gente. La Señora López, que se había dedicado a tener la casa ordenada hasta ese momento, había empezado a trabajar como cocinera en el colegio del pueblo para poder sacar adelante a la familia, pero sus hijos no terminaban de acostumbrarse a ver a su madre a todas horas. Susana, la hija mayor de los López, se había enamorado de su compañero de pupitre, Carlos, y lo que menos le apetecía era tener que compartir su romance con su madre persiguiéndola por los pasillos para darle el desayuno y llamándola Susanita delante de todos sus amigos. Vicente, el menor de los López, tampoco quería que su madre fuese la cocinera del colegio, ya que no podía comer en casa viendo su serie de dibujos favorita, “Aventuras en la Tierra de los Sueños”, en la que cada noche, al irse a dormir, un pequeño niño aventurero viajaba a emocionantes lugares en busca de tesoros, encontrándose con criaturas sorprendentes y disfrutando de ese mundo en el que siempre le hubiese gustado vivir pero que sólo podía recorrer en sus sueños. Vicente tenía siete años y, a diferencia de su hermana, pesimista y siempre con la oreja pegada al teléfono criticando los defectos del resto de chicas de su clase para poder tapar los suyos, soñaba con que las cosas volvieran a ser como antes, aunque muchas veces, como aquella tarde en la que da comienzo nuestro relato, le costaba aceptar el presente.

Vicente siempre había sido un chaval muy apañado por lo que, aunque su madre se había puesto a trabajar en el colegio y él ya no podía ver la tele mientras comía, había encontrado muy rápido la solución a su problema: programar el video para grabar su serie favorita y poder verla merendando. Sin embargo, aquel día la grabación falló, y Vicente tuvo que perderse por primera vez un capítulo, no sin antes echarle la culpa a su madre por haber aceptado ese trabajo que tantos disgustos les estaba dando a su hermana y a él. Vicente se sentía engañado, y no sólo por ese aparato que le había dejado sin serie, sino por la vida, que le estaba obligando a aguantar las peores situaciones. Por primera vez había dejado de disfrutar de la escuela y de su rutina diaria, e incluso ese optimismo que le caracterizaba había comenzado a desaparecer, dejando en su rostro una triste mirada embobada y desesperanzada que buscaba encontrar una solución. Decepcionado y sin ganas de hacer nada, Vicente se retiró a reflexionar a la sala de la planta superior de la casa. La sala de la planta de arriba era el mejor lugar para poder estar sin que nadie te molestara. Prácticamente vacía, servía para hospedar a los invitados y como cuarto de juegos, aunque a Vicente le gustaba mucho utilizarla para dibujar y para escribir historias, sobre todo en tardes como aquélla, cuando sentía que necesitaba escapar del mundo.
Sentado en el suelo mirando hacia el techo y pensando, Vicente se quedó mirando a una trampilla que conducía al desván de la casa. Vicente nunca había estado en ese lugar, aunque había visto a su madre muchas veces subir allí para guardar los papeles de su padre que ya no servían o tender la ropa cuando llovía. El desván de la casa era un sitio oscuro y mugriento lleno de trastos inútiles que los López habían ido acumulando durante más de diez años. En él había desde un viejo armario hasta un joyero con forma de cofre, pasando por un mantel, un caballo balancín, un taco de billar, unas garrafas de agua, una casa de muñecas con la que la Señora López había jugado de pequeña, un colchón con los muelles rotos, unas sillas, unas cuerdas para tender la ropa o una mesa. Aburrido y sin saber qué hacer, Vicente se propuso explorar el desván, y fue en aquel momento en el que comenzó su gran aventura. Cogió una linterna y, ayudándose de una escalera, consiguió abrir la trampilla y entrar en él. De repente la trampilla se cerró, y Vicente, corriendo bajo la lluvia e iluminando la senda con una antorcha, descubrió un refugio para poder pasar la noche antes de continuar su viaje a ninguna parte. Dentro del refugio encontró un extraño mapa que parecía indicar el camino hacia un tesoro. En él aparecían señalados cuatro lugares con una cruz roja y, el primero de ellos, que era el refugio, venía acompañado de un sencillo acertijo:

“Si quieres hallar lo que más deseas,
olvida tus penas y sal afuera,
porque una gran aventura te espera.”


Vicente, que siempre había soñado con poder vivir una aventura como la que aquel mapa le estaba ofreciendo, no se lo pensó dos veces y, a la mañana siguiente, salió en busca del cofre. Armado con una lanza y sobre un ágil caballo, emprendió el camino hacia la segunda cruz roja y, tras caminar un buen rato, llegó a un puesto ambulante de vasijas, donde se encontraba una misteriosa mujer que recitó las siguientes palabras:

“Aquí tienes estas cinco vasijas, sólo una de ellas esconde un gran secreto.
Si logras acertar qué es lo que te hace vivir esta aventura y no otra,
podrás hacerte más pequeño.”

Vicente, aun sin terminar de entender lo último que la mujer le había dicho, era consciente de que si él estaba viviendo esa aventura y no otra era por ser único y especial, ya que, como bien había aprendido viendo “Aventuras en la Tierra de los Sueños”, cada persona es dueña de su imaginación y, al igual que no hay dos personas iguales, no hay dos aventuras iguales. Por ello, Vicente observó que sólo una de las vasijas tenía las asas más pequeñas que las demás y se decidió a cogerla, encontrando dentro de ella un pequeño frasco con un letrero que ponía “Bébeme”. Vicente abrió el frasco y, a pesar de lo mal que olía el brebaje que contenía en su interior, se atrevió a probarlo. En un breve instante, sintió que todas las cosas que le rodeaban se habían vuelto más grandes, aunque en realidad era él el que se había vuelto más pequeño. Caminando sobre el mapa del tesoro, Vicente vio que la tercera cruz estaba encima del dibujo de una casa muy parecida a la que se encontraba al lado de un gran hormiguero que se veía al fondo del paisaje y, dispuesto a continuar su aventura, corrió hacia la casa y, al llegar a ella, se asomó por una ventana que estaba abierta, descubriendo un montón de diminutos seres con las orejas triangulares vestidos con trajes azules y que no paraban de trabajar. Sin embargo, uno de ellos, el más pequeño, deambulaba de un lado a otro ofreciendo su ayuda, pero nadie quería hacerle caso. Vicente se acordó de su padre al verlo y, como no sabía qué hacer para encontrar una nueva pista que le condujese hacia el tesoro, entró en la casa por la ventana y se dirigió al diminuto ser que no hacía nada, le contó por qué se había colado en la casa y le pidió ayuda. El diminuto ser mostró una gran sonrisa en su cara y acompañó a Vicente a una pequeña sala en la que, sin que ninguno de sus otros compañeros le viese, le entregó una llave dorada y le aconsejó que continuase su camino a través de un túnel que había bajo una mesa cuadrada. Vicente le agradeció al diminuto ser su ayuda y se adentró en el túnel, llegando a un hermoso jardín lleno de setas gigantes. Encima de una de las setas, había una hormiga que quería llegar saltando a lo que parecía ser un gran monte escalonado, pero por más que lo intentaba no lo conseguía, y su falta de confianza le hacía estar cada vez más abajo. Vicente, que a pesar de no haber tenido un gran día, había recuperado su esperanza gracias al extraño mapa del tesoro que había encontrado en el refugio, se subió a la seta, le pidió a la hormiga que se agarrase a él y, pegando un gran impulso, consiguió saltar al monte escalonado. La hormiga, un tanto orgullosa, se marchó sin darle las gracias, aunque éste se sintió muy a gusto después de haber podido ayudarla. Y es que, gracias a ese gran impulso, Vicente llegó a un enorme puente que conducía a un frondoso bosque que era como en el que se encontraba la última cruz roja del mapa. Deseoso de llegar al tesoro, Vicente cruzó el puente y, finalmente, pudo llegar al bosque donde, tras una larga búsqueda, encontró el gran cofre. Emocionado como nunca antes lo había estado, sacó de su bolsillo la llave dorada que el diminuto ser le había dado para poder abrirlo, descubriendo en su interior un viejo carrete de película en el que estaba grabado el siguiente mensaje:
“Hasta en los peores momentos sigue existiendo una gran fuerza,
y es esa fuerza la que nos ayuda a ver todo lo bueno que tiene esta vida,
todo el esfuerzo y las ganas de esas personas que buscan un lugar,
de aquéllas que, aun faltas de ilusión,
siguen intentando encontrarla para poder seguir adelante,
y todo gracias a esa fuerza, todo gracias a la IMAGINACIÓN,
que siempre va acompañada de la ESPERANZA que tenemos
en un mundo mejor.”

Satisfecho y agradecido por todo lo que había aprendido aquella tarde, Vicente miró hacia el cielo y vio como una paloma volaba hacia su nido con comida para poder alimentar a sus polluelos. Se la veía tan feliz que Vicente no pudo contener las lágrimas de la alegría que sentía por ver lo bella que era la vida. Sin embargo, contemplando cómo la paloma dejaba la comida en el nido, Vicente se dio cuenta de que era demasiado tarde para continuar con otra aventura y, prometiendo que regresaría al día siguiente, recuperó su tamaño normal, cogió la antorcha y, ayudándose de una liana, dijo adiós al desván, justo en el momento en el que su madre lo estaba llamando a cenar.


Miguel Ángel Fernández Torres, 2º Bachillerato A
1º premio prosa categoría A (Bachillerato)

miércoles, 29 de abril de 2009

LÁTEX RUBIO



-Cariño, ¿has cogido las llaves?...
-Sí, aquí están, espera un momento…
-¡Pero, qué estás haciendo! Tengo que tocar en una hora y todavía tenemos que llegar y todo…
-¡Es solo un momento!, no encuentro la pulsera que me regaló tu madre.
-¡Llegamos tarde, déjala!
-¡Aquí esta! ¡Vamos!
-Dios… -Cerró la puerta.
Un matrimonio sale corriendo de su casa. Tienen prisa. El marido, Juanjo, de aspecto fornido, ojos azules, con una edad de unos treinta y dos años, es pianista y tiene que dar un recital muy importante esta noche. Su mujer, Clara, de unos treinta años, rubia, de tez clara y ojos azules, le acompaña.
-Llama al ascensor –Dijo Clara mientras se colocaba la pulsera.
Juanjo, relatando por salir tarde de casa, pulsó el botón. Escasos dos minutos, el ascensor llegó y la pareja subió en él. Mientras se cerraban las puertas oyeron una voz ronca que provenía de afuera y gritaba que les aguardara. De repente, una mano vieja con arrugas, bloqueó las puerta y éstas se volvieron a abrir. En el descansillo se vio a un hombre mayor, de unos cincuenta y dos años, con escaso pelo canoso en su cabeza y unas gafas que le cubrían todo su viejo rostro. Entró al ascensor sin decir palabra alguna, se cerraron las puertas y este empezó a descender.

-Disculpen –Dijo el señor en voz baja, disimulando con tos.
-Nada, no se preocupe – le contestó Juanjo seriamente. Hubo un silencio.
-Oye, nunca os había visto por aquí, ¿sois del edificio? -preguntó el señor rompiendo el hielo.
-Sí –Contesto Juanjo- Somos vuestros vecinos de al lado.
-¡Anda!, encantado me llamo Santiago.
-Yo soy Juanjo y ella es mi mujer Clara - Se saludaron entre sí-
Llegaron al piso de abajo. Santiago se adelantó abriendo la puerta del portal y sujetándola cortésmente para que pasaran. La pareja les dio las gracias, salieron a la calle y se despidieron. Santiago se fue por el lado contrario, pero enseguida retrocedió y alcanzó a la pareja.
-Disculpen de nuevo -le dio unos golpecitos en la espalda a Juanjo- lo siento por lo del ascensor, ¿os gusta el fútbol?, mañana hay un partido y mi mujer prepara unas magdalenas para chuparse los dedos. Si os apetece venir…
-Cariño, ¿tenemos algo que hacer mañana? –Le preguntó Juanjo a Clara.
-No, creo que no…-respondió un poco molesta.
-Entonces, allí estaremos- contestó Juanjo.
-¡Estupendo! Buenas noches, hasta mañana. Se despidió de la pareja.
-Ábreme la puerta –dijo Clara, con Juanjo ya dentro del coche.
-Ya, pasa. Clara entró y se sentó en la parte del acompañante. Juanjo la notó un poco mosqueada y no dudó en preguntarla.
-¿Te preocupa algo? Ya sé que es mucho estrés y he estado un poco borde hoy, pero lograremos pasar de esta noche, tampoco llegamos tan ¡tan! tarde.
-No, no es por eso, sino por mañana, los vecinos…Juanjo arrancó el coche
-¡Buah! También yo accedí de primeras por quitármelo un poco de encima, pero seguro que son buena gente: No salimos mucho con otras personas y nos lo pasaremos bien, ya lo verás. -¡Tú, que vas a ver el fútbol! ¿Has visto lo viejo que es? ¿Cómo tendrá que ser su esposa? La verdad, paso de estar más de una hora con una abuela hablándome de ganchillo y de cómo preparar magdalenas, ya he tenido suficiente por hoy; encima, no sé qué ponerme…

Juanjo pisó el acelerador y sonrió a Clara.
-¡Santiago!, ¡Santiago! ¿ya volviste?
-Si cariñin,, ya estoy aquí. Por la puerta se vio a una mujer pelirroja de unos cuarenta y dos años, con una gran verruga en el moflete izquierdo, llamada Olga. Estaba fumando.
-¿Lo has conseguido?- Le preguntó Olga a Santiago entusiasmada.
-Por supuesto.
-¡Bien! ¡Bien! ¡Bien!Y ya tenemos todo el material, ¿no?
-Exacto, traje anoche todo lo del furgón y los investigué bien para saber sus gustos.
-¡Pero no es suficiente! ¡No creo que sea suficiente con solo rebuscar en su basura! ¡Hay que saberlo todo! Entiéndeme, cariño…no quiero coger ninguna enfermedad, quiero hacerlo contigo, aquí, con su ayuda, entiéndeme, no quiero no saber quién es.
-Te entiendo.
-Oh, abrázame, vamos a ser tan felices.
La pareja se abrazó por un buen porvenir.
A la tarde siguiente:
-¡Ding, dong!
Santiago miró por la mirilla, eran Juanjo y Clara. Abrió la puerta y los invitó a pasar. Habían traído unos pastelitos; Santiago les dijo que no tenían por qué haberse molestado, que era todo un detalle por su parte.Los presentó a Olga y fueron hacia el salón. Juanjo no se lo podía creer, tenían una televisión de plasma gigante, pero lo que más trajo su atención fue un mueble lleno de libros con el símbolo de Deutsche Grammophon, en los que pudo leer como títulos a grandes compositores.

-¿Le gusta la música clásica?-Le preguntó Juanjo a Santiago absorto mirando los libros.
-¡Me encanta!Bueno, nos encanta a Olga y a mí.
-Si, creo que nos llevaremos fenomenal- les sonrió Juanjo- soy pianista.
-¿¡Enserio!? ¿Cuánto tiempo lleva tocando?
-Desde pequeño, ayer mismamente cuando nos encontramos en el ascensor, que llevábamos tanta prisa era porque iba a dar un recital.
-Lo siento, y yo les hice perder tiempo, ahora sí que me siento mal.
-No se preocupe, hombre, si no, no nos hubiéramos conocido. Olga y Santiago se miraron pícaramente el uno al otro.
-Vamos, que empieza el partido -dijo Santiago- ya habrá tiempo después para la música. Los matrimonios se sentaron en el sofá, Santiago saco unas cervezas de la nevera y algo de picar, patatas, panchitos y unas aceitunas. Empezó el partido y resultó ser que Santiago y Juanjo eran del mismo equipo. Las mujeres, aburridas, se fueron a la cocina e intimaron muy pronto: hablaron de moda, de series televisivas, de cómo fueron sus bodas, de hijos, etc.
-Espera un momento, voy a por los álbumes familiares- Le dijo Clara a Olga entusiasmada
- Juanji, voy un momento a casa.
-De acuerdo –la hizo un gesto con la mano mirando fijamente a la televisión. Clara salió al descansillo cuando en el partido marcó un gol el equipo de Juanjo y Santiago: los gritos de alegría se oyeron por todo el edifico.

Terminó el partido, 5-0, ¡habían ganado!, los festejos de los goles habían sido de lo más graciosos, hasta en uno hicieron una conga los cuatro por toda la casa.Después del partido Juanjo y Santiago se quedaron hablando de música clásica y Clara y Olga mantenían con los álbumes la conversación acerca de las familias.
-Lo ves, -le enseñaba Clara su álbum familiar.
-Es verdad, todas rubias, ¡sorprendente! -exclamó Olga- En mi familia al revés, todas castañas, menos mi prima, que es teñida.Se rieron. -Pero no te creas, en mi familia, bueno, pero en la de Juanjo, todas las niñas rubias, todas, todas, espera, que te enseño su álbum. La velada terminó a casi las tres de la mañana, se despidieron, y Juanjo y Clara se fueron a su casa.
-¡Dios, que noche! –Dijo Juanjo- no me lo había pasado tan bien en siglos. Sí, pese a su edad están llenos de energía, y qué va, ni ganchillo ni magdalenas, hemos hablado de moda, de la familia, de series de televisión, de niños…y encima es que casi tenemos los mismos gustos, por no decir los mismos.
-A mí me pasa igual, tenemos gustos muy parecidos acerca de la música; he mantenido una conversación muy interesante con Santiago acerca de Scriabin. Son fantásticos, y saber que teníamos gente así al lado de casa; cómo es la vida... Y así que…. –Dijo Juanjo cambiando el tono de voz a uno más suave, juguetón, mirando a Clara, acercándose cada vez más a ella– has hablado con Olga, sobre niños, ¿eh?.

Clara sonrió, Juanjo la cogió de brazos como en una boda y se la llevo a la cama riendo los dos.
-¡Dios, estoy molida!, son unos pesados, sobre todo la mujer- dijo Olga desplomándose en un sillón.
- Ni que lo digas, he estado meses espiándolos, estudiándolos, me he tenido que aprender las asquerosas biografías de los más grandes compositores de la música clásica, he tenido que escuchar sus estridentes obras, me he tenido que cambiar de equipo de fútbol, rebuscar en su cubo de basura, robar material de mis compañeros, para que todo saliera bien, y ya, ¡ya estoy cansado! -relataba Santiago a su mujer-
-Pero cariño -se levantó y le abrazó- y los felices que nos harán, sé el gran esfuerzo que te supone, pero piensa en él, te quiero, eres el hombre de mi vida.
-Y yo a ti Olga. Se besaron.
-Ya solo procura mantener la temperatura, doctor.Rieron tontamente y seguidamente fueron, con sus cansados cuerpos, a dormir.A la mañana siguiente:
-¡Por favor, qué asco! Un trozo de pizza, un bote de champú vacio, unas revistas viejas, compresas usadas… me da a mí que hoy tampoco voy a tener suerte. ¡Látex! ¡Oh!, ¡oh!, una muestra, otra muestra, ¡otra muestra!, qué lleno esta, me tengo que dar prisa, ¡corre! –se decía Santiago a sí mismo. Pasaron los días y los matrimonios fueron quedando cada vez más, se lo pasaban bien juntos, un día cine, al otro teatro, a la ópera, largos paseos por El Retiro, emocionantes partidos de fútbol...Se hicieron íntimos, hasta el punto de confiar el uno en el otro, de saber sus problemas familiares, si tenían enfermedades, en qué trabajaban, sí iban bien sus matrimonios, si querían y podían tener hijos...Todo, lo sabían todo.

-¿Está todo listo? No sé si podré hacerlo, Olga, ya tenemos todo para la operación, ¿es necesario?, quiero decir, ¿esto es necesario?
-¡Chss! Cállate, no es tonta, tarde o temprano se daría cuenta- decía Olga mientras miraba por la mirilla. Santiago se sentía mareado, con ganas de vomitar, demasiada presión.

-Ya sale, ya sale.
-Cariño, voy un momento a por el pan.
- Ya ha cerrado la puerta, sal, corre sal…pero qué haces, ¡piensa en él!
-No puedo Olga, sabes que esto no es necesario, ¡por el amor de Dios!
-Dame los guantes, si no lo haces tú, lo haré yo, ¡imbécil!, ¡sabe lo tuyo!, que no te funciona lo de abajo, se lo tuve que contar. Santiago se quedó con la cabeza gacha y Olga salió por la puerta.

-¿Por qué no funciona el ascensor?
-Buenos días, Clara. -¡Ah! Buenos días ¿Será posible? El ascensor no funciona, pues a pie que nos toca bajar.
-No me digas, a estas horas de la mañana-se quejó Olga con voz cansada. Bajan por las escaleras.

-Olga, al final venís.
-Por supuesto, no nos perderíamos el recital de tu marido por nada del mundo, ¡oh!, me acuerdo cuando tocó en vuestra casa de campo, qué espectacular, qué belleza, sus dedos parecían que se escurrían por el piano cuando tocaba La Campanella.
-La verdad, es que es asombroso, sí, es que ya ni parece que toque las teclas, también, lleva tocando desde pequeño, su maestría ya es…
-¿Y tú, Clara? ¿Llevas desde pequeña bajando escalones? -Clara la miró extrañada mientras seguían bajando- Lo digo por si también has cogido mucha técnica, es que si es así, igual que a tu marido se le resbala los dedos por el piano, a ti se te tendrían que resbalar ¡los pies! Olga agarró a Clara de los pelos y en un forcejeo la tiró hacia abajo. La caída fue brutal, al final de las escaleras en su cuerpo tendido en el suelo se podían apreciar una pierna y un brazo dislocados, el cuello ligeramente retorcido y una muñeca doblada totalmente. Enseguida alrededor de ella se hizo un charco de sangre, procedente de la cabeza.

-Pues sí, se ve que has practicado mucho, tienes mucha maestría, igual que tu marido.


(21 meses después

Año nuevo)


-¡Feliz año! -¡Feliz año, cariño! -Feliz año a los dos. Ojalá, pudiese estar Clara hoy aquí, hace más de un año que murió y aún la echo de menos, así que el primer brindis del año quiero que sea por vosotros, que me habéis ayudado en estos tiempos difíciles, de todo corazón, gracias. Cariño –alzó la copa- espero que donde estés, seas muy feliz, así pues, ¡por vosotros y por vuestra hijo! Ojalá pudiéramos estar todos como antiguamente y verla crecer, verla disfrutar de la música clásica y de los partidos mientras su madre y Clara hablaran en la cocina, nos lo hubiéramos pasado bien. A lo mejor, a estas alturas Clara y yo podríamos haber tenido otra niña para hacerla compañía -a Juanjo se les saltaron las lágrimas- ¡No es momento de llorar!, -miró a la niña- mirar, qué monada, yo podría tener ahora mismo otra, mirarla, hasta le están creciendo sus primeros pelitos rubios…rubios…Se hizo el silencio, Santiago y Olga se miraron, se levantaron deprisa de sus asientos y juntaron sus copas con las de Juanjo gritando:


-¡CHIN!, ¡CHIN!


Alberto Trijueque Pegalajar 3º C
1º premio prosa categoría B (2º ciclo ESO)

martes, 28 de abril de 2009

EL LIMONERO DE LA PROFESORA

En aquella clase sucedían cosas extrañas. Si cerraban las ventanas, bajaban las persianas y cerraban las puertas, al venir de otras clases o del recreo los alumnos se encontraban la pizarra escrita con poemas, frases de célebres novelas, análisis morfológicos o sintácticos, los libros de lengua sobre las mesas y sus cuadernos llenos de apuntes que a los cinco minutos desaparecían. Esto llevaba sucediendo ya hacía dos años, los dos años que llevaban en esa clase los mismos alumnos y dos años que hacía que ya no les daba lengua la profesora que firmaba con “Hojas de limón”.
Alguna vez se habían quedado la delegada y el subdelegado colocando la
clase, recogiéndola, cuando antes de que salieran o cerraran la clase, se oía la voz de una profesora impartiendo clase, clase de lengua castellana y literatura.
Un día, un grupo de alumnos que estudiaban en aquella inusual aula decidieron quedarse un recreo para conocer más cosas o saber qué era exactamente lo que habitaba su clase. Cerraron las ventanas, la puerta y bajaron las persianas como cualquier otro día, con la excepción de que esta vez la clase no estaría deshabitada sino que estarían ellos dentro. Se acomodaron todos al final de la clase, sentados en el suelo. Al cabo de unos minutos se oyó como si alguien cerrara la puerta de clase y dejara sus cosas en la mesa del profesor. En aquel momento no veían nada pero,…de pronto vieron la silueta de una mujer, una profesora que empezaba a dar clase de lengua a sus alumnos invisibles. Al poco tiempo aquella profesora se percató de la presencia de unos cuantos alumnos nuevos, que se encontraban al final de la clase y la escrutaban con la mirada, se acercó a ellos y les preguntó sus nombres. Ellos hablaron con ella, pero los jóvenes no salían de su asombro, estaban hablando con un espíritu, con un fantasma. Le preguntaron al espíritu de aquella profesora el porqué de que estuviera en su aula, y ella les contó que, a pesar de sus regañinas y partes puestos a los alumnos que antes que ellos estudiaron lengua en aquella clase con ella, había cogido cariño al aula de 2ºA y deseaba quedarse en ella y observar a los alumnos nuevos. El nombre de aquella profesora que firmaba como “Hojas de limón” y que había enseñado a alumnos anteriores a los de hoy era…Ana Isabel.

Emina Pervan González 2º A
1º premio prosa categoría C (1º ciclo ESO)
(Fotografía de Lu)

sábado, 24 de enero de 2009

CERTAMEN LITERARIO IES LA CAÑADA


Se convoca el Certamen Literario de creación, en el que podrán participar todos los alumnos matricula-dos en el centro que lo deseen, conforme a las siguientes BASES:

1º.- Se podrá optar por las modalidades de PROSA y POESÍA, de forma no excluyente ya que se pueden enviar cuantos originales se quiera.

POESÍA: poema de tipo tradicional (romance, soneto...) o de verso libre, cuya extensión no exceda los cincuenta versos.

PROSA: se admite a concurso cualquier escrito ya sea cuento, narración breve, fábula, ensayo, carta... de uno a cinco folios máximo, por una cara y escrito a doble espacio.

2º.- En cada una de las modalidades, se distinguirán tres categorías: CATEGORÍA A para alumnos de Bachillerato; CATEGORÍA B para alumnos de 3º y 4º de ESO -siempre que sean menores de 16 años-; CATEGORÍA C para alumnos de 1º y 2º de ESO -siempre que sean menores de 14 años-.

3º.- Los originales se presentarán POR DUPLICADO, a mano o impresos a DOBLE ESPACIO, en arial-12, en la Secretaría del Centro, indicando en el sobre sólo la Modalidad y Categoría por la que se concursa. Se deberá emplear el sistema de "lema" o "plica": junto con el texto, se entregará aparte un sobre cerrado con los datos del participante (nombre y apellidos, curso, grupo, dirección y teléfono). Este sobre llevará por fuera únicamente el título (o primer verso u oración) o si se prefiere un pseudónimo que se hará constar igualmente en el trabajo presentado. Con este sistema se garantiza el anonimato del participante, pues la "plica" sólo se abre cuando se han seleccionado ya los trabajos premiados. Se rechazarán los trabajos que no cumplan estos requisitos.

4º.- La fecha límite para la presentación de los escritos será el 14-4-2009

5º.- El jurado estará constituido por los miembros del DEPARTAMENTO DE LENGUA ESPAÑOLA y su fallo será inapelable.

6º.- Para cada una de las modalidades y categorías habrá un primer premio de 30 euros, en un bono canjeable por material escolar o libros y un probable accésit de no sabemos cuánto.

7º.- Los trabajos premiados serán leídos por sus respectivos autores en el Aula de Usos Múltiples, y se publicarán en la web del centro y en el blog del Departamento de Lengua.

COSLADA-ENERO 2009
¡¡¡PARTICIPA!!!