Mostrando entradas con la etiqueta QUIJOTE. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta QUIJOTE. Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de mayo de 2013

LAS LECTURAS DE EL QUIJOTE (I)

Así vio Gustavo Doré a Don Quijote pensando en Valdovinos y el Marqués de Mantua
(DQ,  I, 5)

El final de curso está aquí, a la vuelta de la esquina, y en clase de Bachillerato estamos tratando de aprovechar las últimas semanas acercándonos a la literatura de los Siglos de Oro desde un texto al que le estamos dedicando cierto tiempo, como ya hicimos con  Coplas a la muerte de su padre o La Celestina: ni más ni menos que el sin par Don Quijote de la Mancha. Vamos a empezar a tirar del hilo desde el Romancero, que nos conducirá irremisiblemente a otros textos y a otros poetas. 
De momento, esta es la primera parada.



miércoles, 17 de octubre de 2012

POBREZA

Crédito de la imagen


DIÁLOGO ENTRE BABIECA Y ROCINANTE 
 Soneto 

B. ¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado? 
R. Porque nunca se come, y se trabaja. 
B. Pues ¿qué es de la cebada y de la paja? 
R. No me deja mi amo ni un bocado. 

B. Andá, señor, que estáis muy mal criado, 
pues vuestra lengua de asno al amo ultraja. 
R. Asno se es de la cuna a la mortaja. 
¿Queréislo ver? Miraldo enamorado. 

B. ¿Es necedad amar? 
                                    R.  No es gran prudencia.
B. Metafísico estáis.                         
                             R. Es que no como.
      B. Quejaos del escudero. 
                              R. No es bastante. 

¿Cómo me he de quejar en mi dolencia,
 si el amo y escudero o mayordomo 
son tan rocines como Rocinante?


Fieles a ese espíritu que a veces nos posee de vocación de "calendario zaragozano", y con motivo del Día internacional para la erradicación de la pobreza, me he permitido elaborar esta personal antología de textos literarios que reflejan algo que  no hace falta ir a buscar a remotos países.  La tenemos aquí, instalada entre nosotros, implacable como una madrastra de cuento y acechante como el aliento de los lobos. Vivimos en una sociedad cada vez más empobrecida, más encogida, más triste. "Arrimar el hombro", "apretarse el cinturón", son frases huecas que deben de chirriar en el oído del que ahora ya no puede ir al dentista, o del que ha tenido que pedir prestado para comprarse una lavadora, o de aquel que  ha tenido que decirle al niño que este año no le puede pagar la matrícula de la facultad, o del funcionarioque  decide que va al trabajo con 39º de fiebre porque no puede permitirse el lujo de ponerse malo. Eso por no hablar del que espera a las diez de la noche para asaltar los contenedores del hipermercado o hace cola diariamente en un comedor social para echarse algo caliente entre pecho y espalda. 

miércoles, 25 de noviembre de 2009

CONTRA LA VIOLENCIA DOMÉSTICA

(procedencia de la imagen)


"Y, según yo he oído decir, el verdadero amor no se divide, y ha de ser voluntario, y no forzoso . Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien? Si no, decidme: si como el cielo me hizo hermosa me hiciera fea, ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades? Cuanto más, que habéis de considerar que yo no escogí la hermosura que tengo, que tal cual es el cielo me la dio de gracia, sin yo pedilla ni escogella. Y así como la víbora no merece ser culpada por la ponzoña que tiene, puesto que con ella mata, por habérsela dado naturaleza, tampoco yo merezco ser reprehendida por ser hermosa , que la hermosura en la mujer honesta es como el fuego apartado o como la espada aguda, que ni él quema ni ella corta a quien a ellos no se acerca. La honra y las virtudes son adornos del alma, sin las cuales el cuerpo, aunque lo sea, no debe de parecer hermoso. Pues si la honestidad es una de las virtudes que al cuerpo y al alma más adornan y hermosean, ¿por qué la ha de perder la que es amada por hermosa, por corresponder a la intención de aquel que, por solo su gusto, con todas sus fuerzas e industrias procura que la pierda? Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos : los árboles destas montañas son mi compañía; las claras aguas destos arroyos, mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos . A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras; y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Grisóstomo, ni a otro alguno el fin de ninguno dellos , bien se puede decir que antes le mató su porfía que mi crueldad. Y si se me hace cargo que eran honestos sus pensamientos y que por esto estaba obligada a corresponder a ellos, digo que cuando en ese mismo lugar donde ahora se cava su sepultura me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad y de que sola la tierra gozase el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él, con todo este desengaño, quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino ? Si yo le entretuviera, fuera falsa; si le contentara, hiciera contra mi mejor intención y prosupuesto. Porfió desengañado, desesperó sin ser aborrecido: ¡mirad ahora si será razón que de su pena se me dé a mí la culpa! Quéjese el engañado, desespérese aquel a quien le faltaron las prometidas esperanzas, confíese el que yo llamare, ufánese el que yo admitiere; pero no me llame cruel ni homicida aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo ni admito. El cielo aún hasta ahora no ha querido que yo ame por destino, y el pensar que tengo de amar por elección es escusado- Este general desengaño sirva a cada uno de los que me solicitan de su particular provecho; y entiéndase de aquí adelante que si alguno por mí muriere, no muere de celoso ni desdichado, porque quien a nadie quiere a ninguno debe dar celos, que los desengaños no se han de tomar en cuenta de desdenes. El que me llama fiera y basilisco déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata no me sirva; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida ni los buscará, servirá, conocerá ni seguirá en ninguna manera. Que si a Grisóstomo mató su impaciencia y arrojado deseo, ¿por qué se ha de culpar mi honesto proceder y recato? Si yo conservo mi limpieza con la compañía de los árboles, ¿por qué ha de querer que la pierda el que quiere que la tenga con los hombres? Yo, como sabéis, tengo riquezas propias, y no codicio las ajenas; tengo libre condición, y no gusto de sujetarme; ni quiero ni aborrezco a nadie; no engaño a este ni solicito aquel; ni burlo con uno ni me entretengo con el otro. La conversación honesta de las zagalas destas aldeas y el cuidado de mis cabras me entretiene. Tienen mis deseos por término estas montañas, y si de aquí salen es a contemplar la hermosura del cielo, pasos con que camina el alma a su morada primera."


Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, cap. XIV, I Centro virtual Cervantes

martes, 26 de mayo de 2009

HERMOSAS DAMAS, VALIENTES CABALLEROS


HERMOSAS DAMAS, VALIENTES CABALLEROS
(o “Sermón de La Cañada”)
por Jesús Gómez Ayet, “profe” de Lengua

Hermosas damas, valientes caballeros, o sea, queridos padres y queridos colegas aquí presentes. Y sobre todo, queridos alumnos, queridíiiiiiiisimas alumnas:
Me han pedido que escriba, que pronuncie y que declame, unas palabras de despedida. Me he puesto a redactallas y he comprobado una vez más en mi vida que eso no puede ser y que además es imposible: yo no me puedo despedir. Estoy absolutamente incapacitado para despedirme, y mucho menos de vosotros. Y no sé por qué, no sé qué nudo me ata a vuestra presencia, a vuestras miradas, a vuestras sonrisas, a vuestra alegría, también a vuestros sinsabores ahora de momento en el olvido, no sé qué lazo me ata a vuestras ganas de vivir, a vuestra fuerza y entusiasmo juveniles... no sé, realmente, qué adoración me une cada vez más a vosotros.
Así pues, asumida mi impotencia para soportar el dolor de deciros adiós, renuncio y os digo hola, y no os doy la despedida, sino la bienvenida. Quiero daros la bienvenida a Barataria.
Sí, de nuevo me oís hablar de Barataria, ese lugar inhóspito pero maravilloso donde vivimos los adultos: la ínsula de la responsabilidad, en donde se nos pide, se nos exige, se nos anuncia, se nos avisa, se nos amenaza, se nos argumenta, se nos impone, a veces sin premio ni castigo, esa ínsula de gente ya mayor en donde se supone que hemos de gobernarnos a nosotros mismos e, incluso, tener cierta capacidad para gobernar a algunos otros que nos sean dependientes.
Esa ínsula a la que Sancho Panza renunció pero a la que se arriesgó para alcanzar la mayor y más rica experiencia de su vida, pues en ella pudo mostrar toda su sensibilidad e inteligencia. Y, cómo no, al igual que Don Quijote, quiero ofreceros también unos consejos, unos consejos primeros y unos consejos segundos, para que, eso sí, sin necesidad de seguillos, afrontéis con la valentía y fermosura que os caracterizan, la entrada y la larga, larguísima permanencia en Barataria, es decir, emprendáis vuestra carrera, vuestra vida de adultos.
Consejos primeros y consejos segundos en un “totum revolutum”, pues siendo algunos dellos referentes a la higiene y apariencia, consta con miraros no sólo la limpieza física y lo deslumbrante de vuestras ropas, sino la variedad y riqueza de vuestros adornos y aderezos, collares, pulseras, relojes, así como arracadas y algún que otro tocado, que resaltan la belleza arrolladora de vuestros femeniles rostros, y el boato y elegancia de vuestra masculina apostura. Hago extensible este comentario a madres, padres y demás espíritus aquí presentes, más o menos santos. Y van, pues, los consejos.
Lo primero, que seáis buenos. Sed buenos, sed nobles, amad mucho y sed muy generosos. Sed valientes y arrojados, creceos ante los peligros. Para ello os recuerdo las mejores armas contra las infamias del mundo que encontraréis en Barataria: la Valentía y la Paciencia. La valentía os fortalecerá, la paciencia os tranquilizará. La paciencia es lo más difícil y tal vez lo único que merece la pena aprender. No olvidéis que la meta de una vida sensata es oír la llamada de nuestra voz interior y seguilla en lo posible. Aprended, pues, a elegir, conscientes de que eso no es otra cosa que saber aprender a renunciar.
En Barataria, en la vida, siempre gana quien sabe amar y quien sabe perdonar –que a veces es lo mismo-, no el que mejor lo sabe todo y lo enjuicia todo. No gastéis vuestra fuerza en juzgar, mucho menos en prejuzgar, y en criticar todo y a todos: aprended a callar, a observar, a contemplar, tal vez así lleguéis a comprender. El hombre, el ser humano, nunca está hecho y acabado, es siempre algo en proceso de llegar a ser: es tanto nostalgia de pasado (me consta que algunos de vosotros ya vais teniendo noticia de qué es eso), es tanto nostalgia de pasado, digo, como proyecto de futuro. No olvidéis que vivir es estar de camino a lo infinito. Es resonar –siempre, siempre- en el universo. Cualquier cosa que hagáis tendrá consecuencias, pues siempre habrá a vuestro lado alguien que os ame.
Sed amigos siempre, conoceos y quereos mucho, así asumiréis vuestras propias virtudes y defectos y seréis buenos los unos con los otros: sólo así merece la pena vivir en Barataria, y solamente así las penurias se hacen soportables. No os crezcáis en la riqueza, ni os humilléis en la pobreza. No tengáis miedo a la adversidad: con esa testa (quiero decir cabeza) y con esas manos de los que Naturaleza os ha dotado, saldréis siempre adelante.
Viajad mucho, recorred el mundo, y, como tantas veces os he dicho, hasta el punto de proponer prohibillo, leed mucho: mas ésta, como tantas otras cosas buenas de la vida, no es cuestión que se refiera a cantidades. Hay quien leyendo tres o cuatro libros se convierte en un gran lector, y hay quien no, porque aunque lean mucho lo hacen sin amor y sin pasión. Sin amor no hay vida, y leer sin amor y sin pasión es pecar contra el espíritu. Cuántas veces me habréis podido oír decir que los pecados son siempre del espíritu, nunca de la carne.
Y hablando dellos: nunca seáis envidiosos, que la envidia es el único pecado capital que no da gusto. No envidiéis como el mediocre: admirad como el inteligente. El ser humano muestra su verdadero carácter y lo mejor de su personalidad cuando tiene que enfrentarse a algo nuevo, a una situación de vida nueva, para lo cual ha de alejarse de lo habitual: tal es el reto al que ahora os enfrentaréis, a punto ya de entrar en Barataria.
Tened ideas, mas nunca ideologías. Las ideologías se imponen, adolecen y aborregan a los hombres, y a veces lo envilecen. Cuando no cómicas, resultan peligrosas. Las ideas, en cambio, liberan y enriquecen, ayudan a alzar su vuelo al águila solitaria que desde las alturas contempla y comprende el mundo, sintiéndose, tal vez siéndolo, dueña y señora de sí misma. Y no como las ovejas, que, aunque tan entrañables, necesitan siempre la protección del rebaño y pasan su vida con la rizada y lanosa cerviz agachada para procurarse el fresco pasto.
Vosotros debéis ser libres, y para ello sed inteligentes, cultivad vuestra sensibilidad, desarrollad vuestras habilidades, sed diestros no sólo en el manejo de la espada, perdón, del volante, y de las demás herramientas de vuestro bien elegido oficio, sino en la adquisición de conocimientos. Hay que llegar a ser sabios antes de llegar a ser viejos.
Y acordaos sobre todo de que habéis venido a esta vida a dar más vida, y no a quitarla. Sembrad vuestra semilla, cuando creáis llegado el momento, en el fértil valle de quien hayáis elegido, y dejadla crecer, cuidadla, alimentadla, protegedla como hemos hecho y quisiéramos seguir haciendo nosotros con vosotros, y así llegará a ser algo bueno y hermoso como todos los aquí presentes: así triunfaréis en Barataria.
Aunque también en ocasiones tendríais que abandonalla para que la íntima reflexión os ayude a disfrutar de vuestra apasionada y necesaria soledad. Pero no olvides, Sancho amigo, digo Adrián, digo Patricia, digo Vanesa... no olvidéis ninguno de vosotros, que si estamos juntos es para ser buenos los unos con los otros, y que si no es así no merece la pena vivir. Así pues, me despido, digo no, digo hola y doy la bienvenida:
-a los adrianes de alegre mirada,
-a las patricias de fresca sonrisa,
-a los gonzalos de fina escritura,
-a los miguelángeles de tan noble presencia,
-a la ainohas, a las noelias, a las sofías de filosófico empeño,
-a los rubenes y a los carlos, de atención inmutable,
-a las sandras silenciosas y a las susanas que saben esperar,
-a los albertos y álvaros, deportistas;
-a los luises, los enriques y los borjas, hambrientos de saber;
-a las rocíos, a las paulas, a las almudenas, las tanias y los ángeles, de sabia espera, nunca renuncia;
-a las anas, a las begoñas y a las raqueles, de madura alegría,
-a los hetones abundantes,
-a los sergios juguetones y poco silenciosos,
-a los víctores, des estudiosa mente;
-a las mirian, a las vanesas, a las albas y pilares, a las iris, cristinas y margaritas, princesas de los tres reinos naturales;
-a los franciscos y a las bárbaras, marías, yesenias y almudenas, de tanto tesón como constancia;
-a las natalias e irenes, de sabrosa dulzura;
-a las dicharacheras martas,
-a los jorges, a los yonatanes, a los ignacios, de atlético salto;
-a las cristinas y a las evas, siempre primerísimas mujeres,
-a las saras y a las yésicas, de musical silencio,
-a las nieves, de blancura perpetua,
-a los danieles, marcadores y guardadores del orden, tan imaginativos,
-a los emilios, a los jorges y a los israeles, de impagable ternura, y sobre todo:
-a mi amada, a mi amadísima la sin par Dulcinea, que como sabéis sigue siendo la más bella y fermosa, la más casta a mi pesar y virtuosa de todas las doncellas.
A todos vosotros os digo hola, bienvenidos, adelante, que seáis buenos y felices, y recordéis una última lección de vuestro normalmente alegre, pero hoy algo apesadumbrado, profesor: que la felicidad no se expresa con subordinadas causales, sino con subordinadas concesivas, a ver si os enteráis de una vez, es decir, que no podremos decir “somos felices porque esto nos ha salido bien, porque en un momento de lucidez dimos con la mejor solución a nuestros problemas, porque nos quieren mucho”, etc., sino que diremos “soy feliz a pesar de no haber encontrado aún lo que buscaba, a pesar de haber errado tantas veces, a pesar de que no me quieren tanto como yo lo necesito”.
Lo dicho, que os salga bien (o notable, o sobresaliente: a cada uno según sus esfuerzos y merecimientos, y según la generosidad de los que os rodean), que os salga bien la carrera de la vida, y que no cometáis el mismo gran error que éste que os habla, y que tanto os ha hablado, éstas y tantas palabras: es alguien que nunca, o casi nunca, quiso ser profe de Lengua, pues lo que quiso ser es profe de Corazón... quede el suyo palpitante, pero desgarrado y troceado para repartirlo entre todas y cada una de vuesasmercedes. Vale.


COSLADA, 21 DE MAYO, 2009 (Redactado el domingo, 17 de mayo, 09)

jueves, 23 de abril de 2009

EN OCASIONES, LEO LIBROS

Edward Hopper, Habitación de hotel, 1931
(Fuente: blog de Gabriel Laguna)

La poesía, señor hidalgo, a mi parecer es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa, a quien tienen cuidado de enriquecer, pulir y adornar otras muchas doncellas, que son todas las otras ciencias, y ella se ha de servir de todas, y todas se han de autorizar con ella ; pero esta tal doncella no quiere ser manoseada, ni traída por las calles, ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios. Ella es hecha de una alquimia de tal virtud, que quien la sabe tratar la volverá en oro purísimo de inestimable precio; hala de tener el que la tuviere a raya, no dejándola correr en torpes sátiras ni en desalmados sonetos; no ha de ser vendible en ninguna manera, si ya no fuere en poemas heroicos, en lamentables tragedias o en comedias alegres y artificiosas ; no se ha de dejar tratar de los truhanes, ni del ignorante vulgo, incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se encierran. Y no penséis, señor, que yo llamo aquí vulgo solamente a la gente plebeya y humilde, que todo aquel que no sabe, aunque sea señor y príncipe, puede y debe entrar en número de vulgo. Y, así, el que con los requisitos que he dicho tratare y tuviere a la poesía, será famoso y estimado su nombre en todas las naciones políticas del mundo .

Don Quijote de la Mancha, II parte, cap. XVI
(Ed. de Francisco Rico; centro virtual Cervantes)


Hoy, en todas partes, muchísimos alumnos y profesores se han reunido para leer y celebrar el Día del Libro. Aunque es algo que hacemos prácticamente a diario, en días como hoy leer adquiere una tono especial: lo hacemos en un salón de actos, o en el patio, escogemos con primor lo que vamos a leer, lo acompañamos de música y flores...Incluso la lectura de clase adquiere un tono distinto al del resto de los días. Es curiosa la doble dimensión que tiene el acto de leer: íntima y solitaria por un lado, pero social y abierta por otro. A lo primero, se llega, de alguna manera y en cierta medida, desde el estímulo de lo segundo. Compartimos un poema, el amor por un libro, el desprecio por otro, la devoción por un autor, la pasión por unos versos, el cuento de antes de dormir...y eso nos acerca a otros, nos hace sentir miembros de la tribu. En la escuela podemos, en días como hoy -pero no sólo en días como hoy- hacer una pequeña fiesta con lo que leemos y escribimos (Marsé ha recibido hoy su Cervantes y cientos, miles de alumnos los premios de sus trabajos literarios). Los cañadienses hemos disfrutado hoy de un día de versos y prosas propios y ajenos, de música, libros, flores, grabados, marcapáginas, cómics, risas y hasta llantos. Enhorabuena a todos por vuestro trabajo.

jueves, 26 de febrero de 2009

EL CÁNTARO LLENO

(Fotografía de Purpurina)


Dijo Sancho a su amo:
-Señor, ya yo tengo relucida a mi mujer a que me deje ir con vuestra merced adonde quisiere llevarme.
-Reducida has de decir, Sancho -dijo don Quijote-, si mal no me acuerdo, he suplicado a vuestra merced que no me enmiende los vocablos, si es que me entiende lo que quiero decir en ellos, y que cuando no los entienda, diga: "Sancho, o diablo, no te entiendo"; y si yo no me declarare, entonces podrá enmendarme, que yo soy tan fócil...
-No te entiendo, Sancho -dijo luego don Quijote-, pues no sé qué quiere decir soy tan fócil.
-Tan fócil quiere decir- respondió Sancho- "soy tan así".
-Menos te entiendo ahora- replicó don Quijote.
-Pues si no me puede entender- respondió Sancho-, no sé cómo lo diga. No sé más, y Dios sea conmigo.
-Ya, ya caigo- respondió don Quijote- en ello: tú quieres decir que eres tan dócil, blando y mañero, que tomarás lo que yo te dijere y pasarás por lo que te enseñare.
-Apostaré yo- dijo Sancho- que desde el emprincipio me caló y me entendió, sino que quiso turbarme, por oírme decir otras doscientas patochadas.


Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, II parte, cap. VII, ed. de Francisco Rico, RAE, 2004, pp. 595-596


Se lo dedico a...

1. Los alumnos que se dejan enseñar
2. Los que quieren aprender
3. Los que no te perdonan la vida por enmendarles algo que dicen o hacen mal
4. Los que entienden que a clase se viene a trabajar
5. Los que respetan tus años de estudio y de oficio
6. Los que comprenden que la forma es el fondo
7. Los que asumen que no es lo mismo ser alumno que profesor
8. Los que acogen las correcciones como oportunidad para aprender
9. Los que son conscientes de sus fallos y se esfuerzan por superarlos
10. Los que tienen examen de El Quijote el 13 de marzo


A todos ellos, ¡Gracias!