| Ilustración de Carlos Rubén Medina |
"Era una noche espléndida, una de esas noches que sólo se presentan cuando somos jóvenes, amable lector. El cielo aparecía tan estrellado y tan claro que, al mirarlo, se preguntaba uno instintivamente: ¿cabe imaginarse que bajo semejante bóveda exista gente irritable y antojadiza?"
(Noches blancas, Fedor Dostoievsky,"Primera noche".)
Un día de estos, cambiando el polvo de las estanterías de sitio -como diría mi compañero Jesús-, tropecé con un libro que yo creía perdido para siempre a causa de alguna mudanza, pues hacía tiempo que no lo veía: Noches blancas, de Fedor (o Fiódor)Dovstoiesky, preciado regalo de mis doce años, de la colección "Todolibro" de Bruguera. El título hace referencia a un fenómeno que tiene lugar en San Petesburgo en los primeros días de verano: el sol apenas se oculta y las noches petesburguesas son claras y brillantes.
En esas noches veraniegas en las que todo el mundo sale a la calle, un joven solitario y soñador pasea a la deriva por la ciudad, que conoce como la palma de su mano. Su única compañía es una vieja criada, Matriona, y los acostumbrados paseantes que se cruzan en su camino...Como decía, en una de esas noches descubre a una joven apoyada en el pretil de un canal. Se acerca con el corazón palpitante - la joven está llorando-, cuando un tipo con aspecto de estar borracho se dirige a ella con brusquedad. Nuestro héroe no se lo piensa dos veces: le dice que se coja a su brazo y la saca del apuro. La muchacha es Nástenka, una muchacha de 17 años que vive cosida (literalmente) a las faldas de su abuela. De noche logra escaparse; por eso accede a la petición de nuestro hombre de acudir a la noche siguiente al mismo puente para seguir conversando.
A lo largo de cuatro noches nuestro soñador y Nástenka tendrán oportunidad de confiarse mutuamente melancolías y secretos del corazón...Solo hay una condición que le impone Nástenka: que no se enamore de ella. Pero la advertencia llega tarde. El joven escucha expectante las penas de amor de Nástenka, la cual un año antes vio cómo se marchaba el hombre de quien se había enamorado, un inquilino de la casa de su abuela que le prometió volver cuando pudiera ofrecerle la vida que ella se merecía...Nástenka sabe que ahora, ese hombre ha vuelto, y necesita verle, hablarle, necesita saber...Nuestro héroe será el confidente, el amigo, el hombro sobre el que llorar, porque la decepción no tardará en llegar: para la muchacha primero, pero para el soñador también después...
¡Ah! ¡Qué no habrán escuchado esos puentes de San Petesburgo!
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