miércoles, 7 de abril de 2010

LOS GIRASOLES CIEGOS



Hace cinco años una querida compañera me recomendó la lectura de Los girasoles ciegos, de Alberto Méndez. Como yo casi todo lo leo con cierto retraso, me reservé la recomendación para rescatarla en alguna ocasión. En este caso, y dado que a priori no me seduce especialmente la literatura sobre la Guerra Civil española, lo puse a la cola de Soldados de Salamina, que llevaba más retraso todavía. Me alegro de que me haya gustado infinitamente más que la novela de Cercas, que, dadas las expectativas creadas, me decepcionó bastante.


El libro tiene su historia: su autor, un hombre vinculado a la industria editorial, tenía 63 años cuando se publicó éste su primer y único libro en el año 2004. Murió pocos meses después. No tuvo tiempo de saber, por ejemplo, que le dieron el Premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa en 2005, y que el año pasado –cuando yo lo compré - iba ya por la 23ª edición.


No se trata de una novela, sino de cuatro relatos que el autor llama “derrotas”, ambientados entre 1939 y 1942 (a relato por año), es decir, los años posteriores a la Guerra Civil española.


En el primer cuento, el capitán Carlos Alegría se rinde al ejército de la República el día en el que su bando, el franquista, va a entrar en Madrid . Nadie entiende que Alegría se entregue al bando derrotado, pero él alega que no quiere pertenecer a un ejército que no quiere ganar la guerra, sino sólo matar: “Aunque todas las guerras se pagan con muertos, hace tiempo que luchamos por usura. Tendremos que elegir entre ganar una guerra o conquistar un cementerio”, dice en una carta que el narrador nos presenta como escrita a su novia en enero de 1938. Alegría es llevado a Arganda del Rey para ser fusilado, pero no muere: cae herido junto a los verdaderos muertos y consigue desenterrarse y llegar a Somosierra, pues tiene la idea de llegar a su pueblo, en la provincia de Burgos, para morir en paz. Aquí la narración en plural de modestia alterna con los pensamientos de Alegría expuestos mediante cartas rescatadas a amigos y familiares, con papeles encontrados entre sus ropas y con informaciones obtenidas de las personas que trataron con él en los últimos días, a modo de crónica. El relato se llama “Si el corazón pensara dejaría de latir”.


El segundo relato –para mí, el mejor- recurre a la técnica del manuscrito encontrado; no en vano se llama “Manuscrito encontrado en el olvido”. El narrador, convertido en editor, advierte de que se trata de un cuaderno encontrado por un pastor en una braña de los altos de Somiedo, junto a un esqueleto adulto y otro de un niño de pecho, juntos y envueltos en una colcha. Las primeras páginas nos informan de la muerte de una muchacha llamada Elena durante un parto. El padre, un muchacho de 17 ó 18 años, queda con el recién nacido, en un truncado viaje hacia Francia, escapando de una postguerra feroz. Al hilo de la páginas del diario, el editor aparece para hacer algunas indicaciones en tono aséptico acerca de las hojas que faltan, de las anotaciones en los márgenes o del tamaño de la letra. El cuento se sencillamente sobrecogedor.


La tercera derrota (“El idioma de los muertos”) cuenta cómo el soldado republicano Juan Senra, profesor de chelo, se salva una y otra vez de ser fusilado en la cárcel de Porlier. Sólo por haber conocido al hijo muerto del coronel Eymar, juez del tribunal que debía condenarle indefectiblemente a la muerte, y por poder darle a éste y a la madre noticias de las últimas palabras de su hijo. En este relato aparece Alegría, el rendido de la primera derrota.


El último relato es  el que llevó al cine José Luis Cuerda y el que lleva el título de “Los girasoles ciegos”. En el triste Madrid de 1942, un hombre vive escondido en el armario de su casa a la espera de encontrar un momento seguro y marchar a Francia. En su casa, su mujer y su hijo sobrellevan el día a día escondiendo al padre y al marido de posibles amenazas exteriores: nada debe haber en la casa que delate la presencia de un hombre, las cortinas han de estar permanentemente echadas y los corazones se sobresaltan cada vez que se oye el ascensor detenerse en el tercer piso. La amenaza crece cuando un sacerdote del colegio al que asiste el niño acosa a la madre. Como en los relatos anteriores, el narrador alterna otras voces con la suya, en este caso, la del niño, ya adulto, y una extensa carta en la que el Padre Salvador, el acosador, escribe para confesarse a un superior.


No sé el alcance que tendrá la breve obra de Alberto Méndez; después de leer el libro he revisado opiniones de la crítica y, aunque en general el libro está bastante bien valorado, las hay de todos los gustos. A mí me ha gustado muchísimo. Me han sobrecogido estas derrotas que creo son las de todos.

19 comentarios:

  1. A mí también me gustó mucho cuando lo leí hace más o menos unos dos años. Pensé que era por el tema de la Guerra Civil que, al contrario que a ti, me atrae bastante. Pero ha pasado el tiempo y lo conservo en mi memoria como una de las novelas más crudas y a la vez más tiernas que he leído.
    De acuerdo contigo, el relato del niño de pecho es el más estremecedor.
    Absolutamente recomendable.
    Besos de vuelta de vacaciones.

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  2. Anónimo15:59

    Después de leer su entrada me ha recorrido un escalofrío por la espalda y me han entrado ganas de echarme a los ojos este libro.
    Felicidades por el blog.

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  3. Anónimo16:00

    La película me decepcionó. El libro es inmenso, creo que las historias sobre La Guerra Civil que propone y cómo las propone son únicas.
    Estrella desde La Tribu.

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  4. Es una auténtica preciosidad; yo no he dejado de recomendarlo desde que lo leí hará tres o cuatro años. No sé mucho de críticas literarias ni he leído ninguna sobre este libro pero a mí me gustó mucho su prosa elegantísima y su lenguaje preciso y exquisito, por no hablar de los argumentos y de la manera en la que trata el tema de la guerra y de la posguerra (que yo también rehuía hasta entonces). Me pareció un escritor de una sensibilidad extraordinaria, muchísimo mejor que otros mucho mas famosos; qué pena que no haya escrito más.
    Vaya rollo que te he puesto Carlota, pero es que cuando algo me gusta...
    Por cierto, la peli no la he visto.

    Muchos besos; ya te echaba de menos.

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  6. Una vez más, coincido contigo, Carlota. Me parece de lo mejor (o quizá, lisa y llanamente, lo mejor) de la narrativa española reciente. Yo hace cinco años ya le hice caso a la querida compañera y disfruté enormemente de esta obra, del sufrimiento que me dispensaba su lectura. Masoquismos aparte, también el "Manuscrito..." es mi preferido.
    La que no me gustó nada nada nada fue la película de Cuerda, cuyo trabajo en "La lengua de las mariposas", sin embargo, me había impresionado gratamente.
    La novela de Cercas, "Soldados de Salamina", me pareció muy interesante, quizá porque yo no tenía tantas expectativas y la leí después de otra muy famosa muy famosa de cuyo nombre no quiero acordarme para no ofender a sus muchos admiradores.
    Muy buena reseña, como siempre, Carlota. Abrazos.

    PD: Querida Lola MU, para rollazo el mío. Mon Dieu!

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  7. Creo que me voy a quedar sin ver la película, Biblos y Estrella, para quedarme con el buen recuerdo de "La lengua de las mariposas". Yo me he contenido un poco, Biblos, pero pienso igual que tú.

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  8. "Me han sobrecogido estas derrotas que creo son las de todos". Es el sentimiento que tuve al leerlo, un sentimiento que se me aviva cada vez que mencionan la necesidad de recuperar la memoria de tanta gente anulada, enterrada y callada injustamente durante tantos años.

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  9. Cierto, Antonio. Hablaba el autor en una entrevista de la necesidad que tienen los pueblos, al igual que las personas, de pasar por el duelo. Sus "derrotas" son una manera de hacerlo.

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  10. Recuerdo el silencio y ganas de llorar que nos invadió al terminar de hablar de esta obra en el club de lectura de profesores el año pasado. Especialmente, el segundo relato.
    En cuanto a la película de Cuerda, ourensán de adopción, nos salvó de la tristeza ver las calles de Ourense donde se rodó.

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  11. No me extraña, Serafín. Es que el segundo relato es terrible. Un abrazo para Ourense.

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  12. Poco más que añadir.Un libro que emociona en cada página, un libro difícil de olvidar,un libro con el que siempre se acierta cuando lo recomiendas.
    Marga

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  13. Los Girasoles ciegos es una obra maestra. No soy muy dada a estos elogios, pero no peco de exageración cuando lo digo. Creo que pocas obras son comparables a este retablo de mártires de la Guerra Civil.

    Y, sin exagerar tampoco, creo que la película resulta expresivamente muy pobre al lado del texto original. No entraré en la polémica entre adaptaciones cinematográficas y versiones originales, pero me sentí defraudada por el film. Lo siento, pero creo que Maribel Verdú no da con el papel. Y Javier Cámara, a quien admiro por su interpretación en otras películas, en ésta tampoco resulta muy creíble.

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  14. Marga, Lu, veo que coincidimos en la valoración del libro. He hablado con otros compañeros y la mayoría coincide en afirmar que es lo mejor que se ha publicado en estos últimos años. Y veo también que los que habéis visto la película tenéis la misma percepción. Un saludo a las dos.

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  15. Uy...
    ¿ Acaso fui yo esa "querida compañera"?
    Me temo que sí porque en su momento fui una entusiasta divulgadora de esta pequeña joya.
    Cuánto me alegro de que lo disfrutases.

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  16. Hola, coincido con los comentarios anteriores: me esperaba más de la película. Por lo tanto voy a tener suerte porque no me he leído el libro y como lo voy a leer, no tendré el sabor amargo de ocasiones en las que la película destroza a la literatura.

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  17. Qué gusto verte por aquí, Pedro. Pues parece que el señor Cuerda se estrelló...A ver qué te parece el libro, ya nos contarás.

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  18. Hojas de limón21:44

    Leí Los girasoles el año pasado recomendado por un compañero. Me impresionó por su calidad. Y el segundo de los cuentos, tremendo. El estudio de lo más profundo del hombre en la derrota, en la guerra. La capacidad o no de elegir. A mí también me gustó mucho.

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