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Valle-Inclán fotografiado en su casa Procedencia de la imagen |
Parece que este curso, en 2º de ESO, sin proponérnoslo, nos hemos dado un paseo, no excesivamente largo pero sí muy intenso, por los alrededores de la Generación del 98. Primero fue ese delicioso paseo con Antonio Machado, y ahora, en este final de primavera cuasi otoñal, nos hemos enganchado del bracete de Don Ramón, y con algo que hacía estupendamente bien: el teatro. Por ello, como los niños que somos, hemos leído en clase La farsa infantil de la cabeza del dragón, y estamos a puntito de acabar estas tareas que pretenden, al hilo y después de la lectura, acercarnos un poquito a uno de las cabezas más fértiles de todos los tiempos.
El tono de farsa y de cuento infantil de la obrita es una delicia que nos ha hecho reír, pero no se les han pasado por alto los mandobles que el bueno de Valle reparte a algunos de sus contemporáneos, especialmente a la realeza, ni cómo el autor a veces rompe el tópico que uno espera encontrarse en esta historia dedicada a los niños: Espandián, el "malo", por ejemplo, más que malo es un "lechuguino", como le llama su mujer, Geroma, al encontrarle vencido en su intento de engañar a la corte presentándose como el paladín de la infantina. Tanto es así, que uno de mis alumnos, después de leer esto:
EL PRÍNCIPE POMPÓN.- ... El aire, el humo y el vacío son los tres elementos en que viven más a gusto los sabios.
EL PRÍNCIPE AJONJOLÍ.- ¡Bien dice el príncipe Pompón! ¿No vemos al primer ministro del rey, nuestro padre? ¡Unos dicen que tiene la cabeza llena de humo! ¡Otros de aire! ¡Y otros que vacía!
EL PRÍNCIPE POMPÓN.- ¡Y, sin embargo, todas las gacetas ponderan sus discursos y pregonan que es un sabio, príncipe Ajonjolí! El rey, nuestro padre, le confía el gobierno de sus Estados.
EL PRÍNCIPE VERDEMAR.- Pero ya sabéis lo que dice la reina, nuestra madre, cuando le repela las barbas al rey, nuestro padre: ¡Una casa no se gobierna como un reino! ¡Una casa requiere mucha cabeza! Y el rey, nuestro padre, le da la razón.
EL PRÍNCIPE AJONJOLÍ.- Porque es un bragazas. Pero el primer ministro no se la da, y dice que todas las mujeres, reinas o verduleras, son anarquistas.
(Escena I)
O esto:
"Si corriste mundo, habrás visto cómo en España, donde nadie come, es la cosa más difícil el ser gracioso. Sólo en el congreso hacen allí gracia las payasadas. Sin duda porque los padres de la Patria comen en todas partes, hasta en España. Por lo demás, si no cobré mis salarios, fue por estar vacías las arcas reales.
[...] ¡Gasta mucho esa gente!
(Escena II)
preguntó si esta obra se acababa de escribir ahora, en nuestros días. No, le dije yo, pero cien años después, este Valle está más vivo que nunca. Ay, si levantara la cabeza...