martes, 21 de mayo de 2013

ATRAPADOS EN LA MONTAÑA

Procedencia de la imagen

Atrapados en la montaña. (Minho)

   La avalancha había tapado todas las puertas y ventanas. Dejé que Taemin se peleara con el fuego y recé para que no acabáramos saliendo en llamas. Era tan sumamente torpe cuando se lo proponía…

    Me dirigí a la cocina a por el teléfono, sin muchas esperanzas de que hubiera línea. Tal y como esperaba, no funcionaba. Pensé en utilizar el teléfono móvil, pero estaba sin batería. Tal vez el de Taemin… No, imposible. Habíamos vuelto a la cabaña precisamente porque no lo encontraba.

   Sopesé todas nuestras posibilidades y llegué a la conclusión de que, por mucho que quisiéramos ayuda, estábamos aislados. Deseé que Taemin no hubiera perdido el móvil, así no tendríamos que haber venido y la avalancha nos hubiera pillado fuera, junto a Key, Onew y Jjong. Esperaba que esos tres estuvieran bien y que, en una escapada romántica, Jjong y Key no hubieran abandonado a Onew.
   Nuestra supervivencia era lo más importante. Debía comprobar nuestros víveres y ropa para calentarnos. Una vez comprobado los escasos alimentos que nos quedaban después de una semana de convivencia, recordé el motivo de nuestra salida tras haber pasado el día fuera: hacer la compra.
   No me rendí y seguí buscando en cajones y armarios. Al final, sólo encontré un libro de supervivencia. Agradecí mi suerte y me dirigí al segundo piso en busca de mantas. Podía escuchar cómo Taemin tiraba todo a su paso cada vez que hacía algo. No pude evitar una sonrisa.

   Empecé a hojear el libro y encontré lo que quería: formas de evitar una hipotermia. Leía todo por encima, pero mis ojos se pararon en una frase que venía a decir que es mejor estar desnudos para compartir el calor. Esperaba no tener que llegar a esos extremos porque… Uff… La última vez que vi a Taemin desnudo tuve que ir a ducharme con agua congelada para no comérmelo ahí mismo.

   Despejé mi mente (con cierta dificultad) del cuerpo desnudo de Taemin y continué con mi labor. Tenía que cargarme de mantas, edredones y abrigos con los que formar un nido en el que mantenernos calientes.

   Deshice las camas según miraba en las habitaciones e iba dejando lo que encontraba en el pasillo. Volvía a consultar el libro una y otra vez, y encontré que debía comprobar las ventanas.

   Hasta ese momento ni se me había pasado por la cabeza dirigirles ni una mirada, y lo que vi fue desolador. Las ventanas que daban a la montaña estaban completamente tapiadas por la nieve. Eché los pestillos y moví algunas cosas delante de ellas para evitar que estallasen por la presión. Me pregunté si al menos se vía alguna parte de la cabaña.

   Los gritos de Taemin, completamente angustiado, me devolvieron al mundo real.
   Bajé las escaleras e inmediatamente se lanzó a mis brazos, llorando y con lo que parecía que acabaría en un ataque de hipo.
   Una vez lo hube tranquilizado, le felicité por su pequeño fuego y nos dispusimos a colocar lo que sería nuestro refugio.

(∿°○°)∿ ︵ ǝʌol

   Lo primero en acabarse fue la comida. Apenas nos había durado 12 horas. También se acabaron la leña y los carbones. Maldecía cada vez más que no hubiéramos ido a comprar antes. Lo maldecía al menos diez veces cada minuto. Al final tuvimos que coger libros, sillas y mesas para usarlos como combustibles.
   Ambos observábamos cómo ardían los recuerdos y las fotografías de nuestros álbumes. Agradecí la tecnología digital y que tuviera las auténticas en mi portátil a salvo, en casa.
   Taemin daba cabezadas apoyado en mi hombro. Habíamos hablado de las posibilidades de nuestro rescate y habíamos reído imaginando las reacciones de Key y su voz chillona.
   Finalmente, nuestro fuego se apagó con el último álbum y el último pedazo de silla. Taemin intentaba controlarse pero era incapaz de evitar que sus dientes castañearan y que los espasmos recorrieran  su cuerpo.
   Agarré sus manos con la esperanza de no tener que llegar a desnudarnos. Sin embargo, me di cuenta de que probablemente sería nuestra última noche juntos y, de forma desinteresada, metí sus manos dentro de mis camisas, en contacto con mi cuerpo.
   Taemin dijo una frase que no comprendí por su constante castañeo, pero me imaginaba qué sería.

   -Está bien, Tae. Se me acaba de ocurrir una idea… -al final sí que acabaríamos desnudos. Le acerqué a mí y comencé a desvestirlo. Como siempre, se dejó hacer confiando ciegamente en mí.

   Sólo se quejó del frío, y comprendí por qué cuando yo también sentí el frío en mi templado cuerpo. Ignoré su mirada sobre mi cuerpo. Había decidido que no era indispensable quitarse la ropa interior. Cuando volvió a estremecerse decidí que era suficiente de mirarme.

   -Ven aquí… -no era mi intención hacerlo, pero el contacto con su cuerpo me impidió pensar y empecé a besarlo.

   Recorrí sus labios de forma audaz, lleno de deseo. La urgencia que sentía de tenerlo conmigo para siempre hizo que se me escapara una confesión.

-Te quiero,  Lee Tae Min. Y si esta va a ser la última noche de nuestras vidas, no voy a dejar que pase tan fácilmente.

(∿°○°)∿ ︵ ǝʌol

   Tengo un hombre desnudo entre mis brazos. Tengo a mi pequeño entre mis brazos. Aunque si lo ves de espaldas, parece una princesa… Una pequeña princesa dormida, esperando a su príncipe azul y su beso. Aunque en este caso fuera un equipo de rescate. Pero el beso sí podía dárselo.

   Cuando deposité el beso en sus labios me di cuenta que algo no iba bien. Estaban fríos. Comprobé sus manos y también estaban frías. No podía ser. No podía ser. No. No, no, no. No podía morirse ahora. No podía dejarme solo.

   Empecé a zarandearlo y a llamarlo. Grité su nombre mil veces más. No respondía…
   Lo cargué en brazos y lo llevé al baño. Mientras se calentaba y se llenaba la bañera, lo mantuve contra mi cuerpo, rodeados por toallas.

   Nos metí a los dos en la bañera. El agua estaba tan caliente que abrasaba mi piel. Esperé un poco para volver a comprobar su temperatura. Ya no estaba tan frío, pero sabía que esto no era el final.
   ¿Decía algo el libro de antes sobre qué hacer en estos casos? Daba igual, no era capaz de recordarlo.
   Dudé entre sacarlo y calentarlo con una toalla o si quedarnos dentro de la bañera. Me decidí por lo último. Quité el tapón y dejé que el agua, ya fría, huyera por el desagüe. Abrí la alcachofa de la ducha y nos situé debajo. ¡DEMONIOS! ¡Ahora sí que me estaba quemando!
   No sé cuánto tiempo llevábamos ahí debajo. Sólo sé que, de repente, algo que parecía un tornado abría la puerta. No me giré para ver quién era. No quería saberlo. Sólo quería que mi pequeño Taemin se calentara de una vez.

   -¡Jonghyun! ¡Onew! –era una voz sumamente aguda y familiar, y no sabía a quién me recordaba. Esos nombres… también me sonaban.- ¡Corred! ¡Mi pequeño Taeminnie! ¡Mi bebé!

   Noté que alguien intentaba apartarme de Taemin, pero mis músculos estaban agarrotados después de tanto tiempo bajo el agua en la misma posición. Tampoco podía hablar, mi garganta también estaba agarrotada.

   Cuando consiguieron quitarme a Taemin, perdí el conocimiento en brazos de alguien. Supongo que uno de los de rescate.
(∿°○°)∿ ︵ ǝʌol

   Desperté en un hospital. Solo. No había nadie entre mis brazos.
   Me levanté rápidamente de mi camilla y busqué a mí alrededor. Divisé la cama de Taemin, unas cuantas más allá de donde yo me encontraba.

   No sé cómo lo hice, pero llegué a sentarme a su lado. Tampoco me di cuenta de cuándo había agarrado su mano. Caliente. Caliente. Menos mal.

   Empezó a despertar y sentí el egoísta deseo de ser lo primero que viera. Cuando enfocó sus ojos hacia mí, y distinguió mis rasgos, una sonrisa se dibujó en su cara.

   -Buenos días, Taeminnie. - ¿”Buenos días”? No tenía ni idea de qué hora y día era, pero no me importaba. Una sonrisa se apoderó de mis labios. - Parece ser que aún vamos a tener unos cuantos años más para nosotros…



Atrapados en la montaña. (Taemin)

   Después de haber pasado todo el día en el bosque nevado regresamos a nuestra pequeña cabaña, situada a una distancia prudencial de la ladera de la montaña. De repente sentimos un fuerte estruendo. Una enorme masa de nieve, de dimensiones geológicas, se precipitaba sobre nosotros. Estábamos solos, aislados. Te miré a los ojos, intentado disimular mi terror, mi incertidumbre…
   Pero tú ya sabías que estaba ahí antes de que nuestros ojos se encontraran. Acercaste tu mano suavemente a mi mejilla antes de darme un tranquilizador beso en la frente.

   -Tae, no te preocupes. Vamos a estar bien, ¿vale? –me prometiste con una sonrisa en tus labios, los mismos que se habían encontrado de forma casual o intencionada con los míos tantas veces.

   Sentir que te preocupabas tanto por mí hizo que mi corazón se encogiera por no poder ser yo el que te reconfortara alguna vez. Decidí luchar contra las lágrimas de angustia que empezaban a asomar en mis ojos. Mientras tú fuiste a pedir que nos rescataran por teléfono, yo fui a intentar encender el fuego del enorme salón.

   Tropecé numerosas veces con el rojo sofá, lleno de cojines y mantas perfectamente dobladas, que estaba en medio de la sala. La mesa del café tampoco se libró de acabar tumbada en el suelo unas cuantas veces. Finalmente, conseguí encender un cómodo fuego sin quemarme a mí (o a la cabaña) en el intento. Me di cuenta que llevaba mucho tiempo sin oírte.

   -¿Minho-yah…? ¡Minho-yah! –Llevabas un rato desaparecido… - Minho-yah… ¿dónde estás? –empecé a desesperarme, no estabas en el piso de abajo y no conseguía tranquilizar mi corazón.

   -¿Taeminnie…? –Me llamaste desde las escaleras del segundo piso y pude notar que la angustia abandonaba mi pecho -¿Taemin? ¿Estás bien? ¿Por qué estás llorando…? –No me había dado cuenta de la humedad que recorría mis mejillas… -Está bien, Tae. Estaba comprobando que las ventanas estuvieran cerradas y que no pudiera pasar la nieve…

   Me lancé a tu pecho y dejé que el miedo recorriera mi ser. Otra vez había sucumbido a mis debilidades y no podría demostrarte que ya no era un niño de catorce años, sino que tenía veinte y que era capaz de cuidarte. Tus brazos rodearon mi espalda y tu cabeza se posó sobre la mía. Recorriste mi espalda desde los hombros a la cintura y ahí dejaste descansar tus grandes manos.


(∿°○°)∿ ︵ ǝʌol

  El tiempo transcurría lentamente. El fuego moría y nuestro último álbum de fotos se consumió rápidamente junto a la última silla de la cabaña. Seguíamos esperando nuestro prometido rescate.

   No podían olvidarse de nosotros. Onew, Jjong y Key-Umma no lo permitirían. Sobretodo Key-Umma.

  Sonreímos los dos al pensar en cómo debería de estar ahora, histérico perdido, amenazando de muerte a los guardabosques y al equipo de rescate.
  Seguro que su voz se había puesto tan aguda que  Jjong había tenido que llevárselo de ahí para que pudieran trabajar en condiciones.

(∿°○°)∿ ︵ ǝʌol

  Cuando se apagó el último resquicio de fuego notamos cómo descendía la temperatura de forma constante. Si hubiéramos tocado las ventanas, no hubiéramos hallado forma de separarnos después.

   Ya no nos bastaba con el nido de numerosas mantas que habíamos hecho. Cada vez tenía más frío y mis dientes empezaban a castañear. Pronto todo mi cuerpo estuvo temblando.

   Tus manos sujetaron las mías para calentarlas. Una vez pararon de temblar las metiste debajo de tus numerosas camisas, en contacto con tu piel.

   -M-Minho-yah…. N-no c-creo q-que eso s-sea l-lo me-mejor… -conseguí articular a través de mis helados labios.

   -Está bien, Tae. Se me acaba de ocurrir una idea… -me acercaste a ti y comenzaste a desvestirme, sin dejar que las mantas se cayeran de mi ahora semi-desnudo cuerpo.

   -¡M-Minho-yah! ¡Ahora s-sí q-que tengo f-frío! –me quejé en un intento de sobreponerme.

   Te reíste de mí y te desnudaste a ti mismo, dejándote sólo la ropa interior. Una vez desnudos los dos no pude evitar perder mi mirada por tu esbelto y cálido cuerpo. Cuando un escalofrío te recorrió entero, decidiste que ya no me dejarías observarte.

   -Ven aquí…  -soltaste un gruñido antes de empezar a besarme con pasión y no te detuviste salvo para hablarme. -Te quiero, Lee Taemin. Y si esta es la última noche de nuestras vidas, no voy a dejar que pase tan fácilmente.

   Lo último que recuerdo es sentir fuego por todo el cuerpo. Fuego y placer antes de caer dormido a tu lado, abrazándonos.


(∿°○°)∿ ︵ ǝʌol


   Desperté en una sala blanca. No sabía dónde estaba ni por qué. Lo único que sabía es que tu mano agarraba la mía y me transmitía calor.

   Ahí estabas tú, sumamente cerca de mí, casi tocándose nuestros labios.

   -Buenos días, Taeminnie –me dijiste sonriente-. Parece ser que aún vamos a tener unos cuantos años más para nosotros…

   No pude evitar sonreír y darte un profundo y sincero beso.


JULIA MUÑOZ, 2º Bachillerato A
1º premio prosa
(mayores de 16 años)



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