jueves, 8 de marzo de 2012

LAS HERMANAS BRONTË


Procedencia de la imagen

Con la que está cayendo, dedicarle una entrada al tenaz deseo de no renunciar al impulso de escribir, me parece casi un ejercicio de escapismo. Pero es mi día  (y mi blog), y voy a dedicarle la entrada del 8 de marzo a las hermanas Brontë. No sin antes dejar constancia de estoestoesto o esto. (Solo es un botón de muestra).

Anne, Emily y Charlotte Brontë  compartían parentesco (eran hermanas)  y vocación literaria. También el hecho de morir jóvenes y de no tener mucha prisa por encontrar marido, algo que entraba en pocas cabezas de la convencional Inglaterra victoriana. El caso es que a pesar de tener muchos frentes en contra, fueron capaces de imponer  su deseo –firme y poderoso- de escribir.  Me acerco a sus vidas interesada desde hace tiempo por la aureola de misterio que rodea a algunos autores que acaban atrayéndonos tanto o más por su vidas como por sus obras. Tengo al lado Jane Eyrela primera obra que leo de las hermanas,  cuya autoría corresponde a Charlotte, la única que pudo disfrutar de las mieles de la escritura, pues tuvo la suerte de llegar a los 39 años (sus hermanas escritoras murieron a los 30 (Emily) y a los 29 (Anne), aquejadas de tuberculosis).

Las niñas Brontë formaban parte de una familia numerosa fundada por Patrick, un pastor anglicano de origen irlandés, maniático y amante de los libros hasta el punto de dejarse la vista leyendo a la luz de las velas, y María, una mujer de su tiempo que murió de un cáncer que le hizo sufrir muchísimo en los últimos meses de su vida, casi tanto como la tristeza de dejar sin madre a sus seis niños pequeños. Vivían en Hawort, una ciudad medianamente próspera gracias a la industria del tejido, pero tremendamente insana: enfermedades como el tifus proliferaban debido a la mala conducción de las aguas, la esperanza de vida era de unos veinticinco años,  y los niños pobres se dejaban la piel y la vida trabajando en las fábricas. 
El caso es que el padre envió a las cuatro niñas mayores (María, Elizabeth, Charlotte y Emily) a un internado en el que padecieron frío, hambre y terribles humillaciones. Les costó la vida a María y a Elizabeth, quienes murieron de tifus. El  padre sacó inmediatamente a las otras dos. Así que será él quien asuma la educación de sus hijos, poco convencional para la época –y  casi para la actualidad, diría yo-, alentando en ellos, sobre todo,  el amor por la música,  la pintura y  la lectura. En sus manos caían  sin ningún tipo de censura revistas, los periódicos a los que estaba suscrito el padre, y la poesía de  Byron, Scott, o Wordsworth. Padre e hijos charlaban  de política, de religión o de cualquier tema de actualidad.  Por otra parte, también inculcó en sus hijas la idea del pecado y de la culpa, ayudado por su cuñada, la tía Branwell, quien vivía en el hogar de los Brontë tras la muerte de su hermana. 

Esta lectura abundante sin cortapisas, mezclada con las leyendas irlandesas que les contaba el padre,  los terroríficas relatos que inventaba una de las criadas, la complicidad entre los hermanos y una imaginación fértil y desbordante, tuvo como primeros frutos la creación de unas historias que les servían para jugar con sus soldaditos de madera, y que escribían con minúscula letra infantil en pedazos de papel. Branwell, el único varón, y  Charlotte, crearon el Reino  de Angria, situado en África Occidental.  Las pequeñas crearon la fría Isla de Gondal, perdida en algún lugar del Pacífico. Aun de mayores, las Brontë seguían desarrollando tramas en torno a estos lugares imaginarios.

Al margen de esta creatividad, al padre le preocupaba el futuro de las hijas: sin dinero y no muy agraciadas, la salida natural era trabajar como institutrices, (¿cabe imaginar oficio más literario e inquietante?). Todas pasaron por esta experiencia, si bien la única que guardó un buen recuerdo de la misma fue Anne, la pequeña Brontë, querida y recordada por los niños de  Thorp Green. El hermano, sin embargo, que se quiso dedicar a la pintura, tuvo la oportunidad, que desperdició,  de estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de Londres. Aguantó quince días. También trabajó como instructor en la misma casa que Anne, pero fue despedido porque se le acusó de seducir a la señora de la casa. 

Charlotte, que también había pasado por la experiencia de ser profesora en Roc Head, donde estudió entre 1831 y 1832, no soportaba un trabajo que no le reportaba ninguna satisfacción  -se pasaba el día cosiendo para la señora de la casa- y que no le dejaba tiempo para escribir. A propuesta de su amiga Ellen, viaja a  Bruselas para mejorar su francés, con la idea de abrir una escuela propia junto a sus hermanas. Acompañada de Emily, se alojarán en un pensionado en Bruselas en el que pulirán su educación, e incluso Charlotte se enamorará de Heger, su profesor, esposo de la dueña del internado. Pero  muere la tía Branwell y deben regresar. Emily queda al frente de la casa y Charlotte vuelve a Bruselas requerida como profesora. Sin embargo, no duró mucho: Herber no la correspondía y su mujer la odiaba. De vuelta a su casa, Charlotte le escribía cartas incesantemente que nunca tuvieron respuesta. De esta experiencia escribiría Villete. Cándido Pérez Gallego destaca de Charlotte su fe en la pedagogía y su idea de que la educación podía cambiar el mundo, tema que trata en El profesor, su primera novela, o en  la exitosa Jane Eyre.

De nuevo los cuatro hermanos están juntos: Branwell, sin trabajo – y con problemas relacionados con las drogas y su holgazanería-; las tres chicas, escribiendo cada una desde su mundo, hasta que un día, Charlotte descubre  un poema de Emily  y anima a  sus hermanas a publicar juntas un libro de poemas, por supuesto, bajo pseudónimos masculinos. A pesar de las buenas críticas solo vendieron dos ejemplares, así que decidieron escribir novelas. De esta forma se gestaron Agnes Grey, de Anne; Cumbres borrascosas, de Emily, y El profesor, de Charlotte. Solo la novela de Charlotte fue rechazada, aunque esto se vio compensado con creces con la publicación y el éxito de Jane Eyre, su segunda obra.  Mientras las hermanas empezaban a moverse en  círculos literarios y a experimentar cierto alivio con respecto al futuro gracias a las publicaciones, Branwell, el varón, se enredaba en una espiral de alcohol, autocompasión y odio. Murió de tuberculosis a los 31 años  sin saber que sus hermanas publicaban.

Tristemente sus hermanas le seguirían muy de  cerca. Emily murió a los tres meses y Anne a los ocho. Tenían treinta y veintinueve años respectivamente. Charlotte quedó sumida en la desesperación. Renovó su casa, viajó a Londres en varias ocasiones y tres años después se casó con Arthur,  el asistente de su padre, que siempre había estado enamorado de ella.  A ella le fascinó este interés.  Parece que fue feliz. Se quedó embarazada, aunque nunca llegó a ser madre. Murió antes de dar a luz, probablemente de tuberculosis. Patrick, el padre, sobrevivió a toda su prole y murió a los 84 años. 


Bibliografía utilizada


Jane Eyre, Charlotte Brontë, Madrid, Espasa Calpe 1998. Introducciónde Cándido Pérez Gallego; traducción de Juan G. de Lauce


Querida Jane, querida Charlotte. Por la ruta de Jane Austen y las hermanas Brontë, Espido Freire, MAdrid, Aguilar, 2004.


Historias de mujeres, Rosa Montero, Madrid, Alfaguara, 2001.



9 comentarios:

  1. Gracias por recordar a grandes mujeres en un día como hoy.
    Felicidades, compañera. HOy además, noche de luna llena, llenará de sentido la lucha por la igualdad.
    Saludos

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  2. Felicidades también para ti, Marian. Es cierto ¡qué preciosidad de luna! Un abrazo.

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  3. Qué interesante y qué triste la historia de las hermanas Brontë. Apenas sabía nada de sus vidas. Me ha encantado ver Jane Eyre enlazada, y ese blog tan bonito en el que podemos visitar Hawort. He disfrutado muchísimo Carlota. En cuanto a esas cosas terribles de las que has dejado constancia al principio...qué te voy a decir. Esperemos que se acaben para siempre.
    Muchos besos.

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  4. A pesar de lo cortas y duras -la orfandad es algo terrible- fueron vidas intensas. A veces,tampoco hace falta salir de un territorio limitado para tener amplitud de miras. Un beso, querida LolaMU.

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  5. ¡Caramba,qué pasada! No falta detalle. Es como un viaje. Siento no haberlo visto antes.

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  6. Querida Biblos, mientras Blogger quiera, esto quedará aquí por los siglos de los siglos...Un beso.

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  7. Gracias Carlota, me he enterado de cosas q no sabía sobre las Brontë. Crean mundos fascinantes en sus novelas.

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  8. No hay de qué, Mª José. Ahora estoy con "Jane Eyre". Un saludo.

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  9. Para Jane Eyre...


    http://cumbresexitosas.blogspot.com.es/

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